15 de enero de 2017

LA HOSPITALIDAD IRANÍ

Ambas fotos son en Isfahan (Irán), en una plaza en la que nos paramos a descansar. Al poco rato de estar allí, refrescándonos en una de las innumerables fuentes que hay por el país, se nos acercó un chico. Un joven que poco antes nos había visto pasar por delante de su tienda. Traía en la mano un melón de esos pequeños, redondos y amarillos, y un cuchillo. No dijo ni una sola palabra pero con su sonrisa lo dejó bien claro. "Esto es para vosotras". No sólo nos lo dio sino que nos lo cortó él mismo, rodaja a rodaja, hasta que se terminó. A los pocos minutos se acercó otra persona, esta vez un niño que salió de una mezquita, en calcetines, con una bolsa grande llena de pequeñas bolsitas de frutos secos (¡benditos pistachos iraníes!) y bocadillos de queso con pepinillos. Ambos vinieron, nos dieron lo que traían para nosotras y, con ese increíble gesto de bajar la cabeza mientras te llevas la mano al corazón, se marcharon. Sin decir absolutamente nada. Diciéndolo todo. Así que ya sabéis. No vayáis a Irán, puede que la gente os dé de comer en mitad de la calle, a plena luz del día. Con premeditación y alevosía.



"Lo mío con Irán fue amor a primera vista… Pero no fue cualquier amor, fue amor del bueno y del puro. Y es que Irán es un lugar que recibe al visitante, lo abraza, lo consiente, lo deslumbra, lo maravilla, le quita la respiración, luego lo enamora y finalmente lo deja ir con millones de imágenes y experiencias imborrables en la cabeza y un profundo deseo de volver a visitarlo antes de morir". - Blog de Banderas

No hay comentarios:

Publicar un comentario