31 de mayo de 2014

SABES QUE MARRUECOS TE HA CAMBIADO LA VIDA CUANDO...

Cuando estás en Marruecos no lo notas demasiado, pero en cuanto te vas empiezas a darte cuenta de la cantidad de cosas que has aprendido en un país tan intenso y de cómo han calado en ti muchas de las mejores costumbres marroquís.

Y es que sabes que Marruecos te ha cambiado la vida cuando…


1. Antes de haberte marchado del Magreb ya tienes planeado el próximo viaje.

2. Utilizas cada día con tus amigos palabras tan recurrentes como 'wakha', ‘safi’, ‘shukran’, ‘yallah’ e ‘inchallah’.

3. La comida sin especias te parece muy desaboría. De hecho, ya sólo te falta echarle especias a los yogures.

4. Te quitas los zapatos nada más entrar en cualquier casa.

5. Sin ser musulmán y sin tener intención de serlo, te relaja escuchar audiciones del Corán.

6. Eres incapaz de tomar un líquido caliente (especialmente el té) sin sorberlo.

7. Comes con las manos sin ningún miedo a que nadie te llame maleducado. Comer directamente de la sartén ya te da más apuro si hay gente delante...


8. Eres yonki de los batidos de aguacate. Y de la harcha, y del malawi, y de los quesitos, y del Hawai, y de los dátiles, y de las ciruelas, y de las almendras...

9. Empiezas a hablar de ciertos temas y ya no hay quien te pare.

10. No sólo ves marroquíes por todas partes sino que cuando te cruzas con alguno, especialmente con niños, tienes que reprimir tus ganas de hablar con ellos y demostrar tu nivel básico de dariya.

11. Escuchas música en árabe aunque no tengas ni idea de lo que dice la letra.

12. Todo lo que te rodea lo relacionas y lo comparas con Marruecos. ‘Pues en Marruecos...’

13. Le echas comino a los garbanzos, a la carne, a los huevos fritos y cocidos...

14. Compras harira de sobre, cous-cous, especias, sémola de trigo, té... en las carnicerías Halal de tu barrio. Carnicerías que, hasta ese momento, ni sabías que estaban ahí.


15. Inexplicablemente, te ofende más que se critique y se ataque a Marruecos que a tu país natal.

16. Nunca te has vuelto a sentir completamente limpio al salir de la ducha. El hammam es el hammam.

17. Parecía que nadie conocía del país y ahora todo el mundo ha estado en Marruecos. Tus vecinos se han ido de luna de miel a Marrakech, las amigas de tu hermano han estado en una asociación en el desierto, la madre de la que te hace las fotocopias trabaja en el instituto español de Tánger, tu amigo de la infancia hace surf en Essaouira, la mejor amiga de tu compañera de piso da clases de español en Rabat, el hermano de la del supermercado tiene un riad en Fez…

18. Ya no eres capaz de pintarte los ojos con lápices ‘occidentales’ y dependes de un bote de kohl.

19. Sin saber cómo, te has convertido en la persona más hospitalaria del mundo y te parece lo más normal del mundo acoger en tu casa a alguien que no conoces de nada pero que también ha estado en Marruecos, prepararle comidas estupendas, hacer de guía por tu ciudad…

20. Tus amigos y, especialmente, tu familia piensan que has perdido el norte y que te han comido el coco.


21. Te das cuenta de la cantidad de valores que se han perdido en este lado del mundo y te sientes fuera de lugar en muchas de las situaciones que hasta hace poco te parecían normales.

22. Hablas sólo de la parte buena del país y de su gente porque de la mala ya se encargan todos los demás.

23. Hacer tus necesidades en un retrete te parece de ser muy señorito.

24. Te fijas de forma muy especial en las manos, en la piel, en los ojos, en la barba, en la nariz, en los labios, en la sonrisa, en el pelo, en la forma física... Ya paro, ya paro.

25. Te da rabia no haber descubierto antes Marruecos.


¿Y tú? ¿Qué cosas han cambiado en ti y en tu vida después de vivir una experiencia en Marruecos? ¡Compártelo con nosotros! 

30 de mayo de 2014

61 COSAS QUE HACEMOS TODOS LOS VIAJEROS

Estas son las algunas de las 61 cosas que hacemos todos los viajeros alguna vez en la vida. Un artículo publicado en el blog Imanes de viaje.


1.- Has hecho ya tantas maletas o mochilas que eres capaz de hacerla en 5 minutos.

2.- Alguna vez has estado a punto de perder un avión, un bus o un tren y has tenido que ir a la carrera.

3.- Alguna vez has dicho la frase 'lo que pasa en... se queda en...'

4.- Te encantaría dar la vuelta al mundo, o en su defecto, tirarte varios meses ociosos de viaje.

5.- Se te escapa una sonrisa cuando pasado un tiempo te encuentras un ticket de metro o una entrada de un museo en algún bolsillo de la cazadora o del pantalón.

6.- Cuando ves una peli y sale algún sitio chulo donde has estado piensas '¡ahí también he estado yo!'


7.- Tienes en tu casa un mapa del mundo con chinchetas en las ciudades o países en los que has estado. También valen los mapamundis de rascar, que últimamente están de moda.

8.- Vives continuamente pensado en tu próximo viaje, no eres feliz si al volver de viaje no tienes planeado otro destino.

9.- Alguna vez has pasado la noche tirado en un aeropuerto o viajando en tren o en autobús.

10.- Te han pillado colándote en algún medio de transporte público y has intentado escaquearte de la multa diciendo “¿Eh? No entiendo”.

11.- Te encanta ir haciendo amigos de otros países para tener casas por todo el mundo y tener la excusa perfecta para viajar.

12.- Te puedes pasar horas y horas buscando ofertas de vuelos baratos en internet.


13.- Siempre que compartes habitación en un albergue o en un hostel con gente desconocida hay alguien que ronca.

14.- Has salido por la noche de fiesta con la maleta porque tenías que coger un avión, bus o tren de madrugada y así te ahorrabas una noche de hotel.

15.- Siempre piensas que hay que aprovechar a viajar antes de tener hijos aunque en el fondo sabes que cuando los tengas vas a seguir viajando.

16.- Te encanta cocinar comida internacional en casa o ir a comer a restaurantes de comida de otros países cuando no estás de viaje.

17.- Aunque viajas mucho, alguna vez te has sentido como Paco Martínez Soria cuando hablas con otros viajeros.

18.- Te sientes mal cuando tu jefe y tus compañeros de trabajo te dicen que te pasas todo el día de viaje, aunque realmente tienes los mismos días de vacaciones que ellos.


19.- Te has encontrado en la otra parte del mundo a alguien que conocías y has pensado que el mundo es un pañuelo.

20.- Siempre que ahorras algo de dinero piensas… mmm, esto va directo para el próximo viaje.

21.- Estás de acuerdo en que hay veces que es mejor no tener mapa a la hora de recorrer una ciudad. Improvisar y callejear son dos palabras que van de la mano en tus viajes.

22.- Sacas la cámara reflex únicamente para los viajes, ni bautizos, ni comuniones, ni fiestas de guardar, sólo para viajes.

23.- Siempre que ves tu programa de viajes favorito has pensado ¡ahí tengo que ir yo!

24.- Aburres a tus amigos con historias de viajes.


25.- Tienes en tu casa al menos una foto o un cuadro gigante de alguna de tus ciudades favoritas.

26.- Revisas mil y una veces que llevas el DNI y/o el pasaporte y revisas mentalmente que no te dejas nada por meter en la maleta.

27.- Te has metido en el bolso o en la mochila parte del desayuno del hotel para aprovecharlo a la hora de la comida ;) .

28.- Alguna vez se te han olvidado las chanclas y te das cuenta cuando tienes que ducharte en el baño compartido del hostel.

29.- Alguno de tus mejores amigos los has conocido viajando.

30.- Alguna vez te has comprado algo de ropa o algún complemento porque de viaje lo veías de moda y al regresar a casa no te lo vuelves a poner en la vida.


31.- Te has puesto a charlar con desconocidos y has acabado contándoles tu vida.

32.- Por muy difícil que sea, siempre intentas chapurrear algunas palabras básicas del idioma del país.

33.- Cuando te vas de un hotel siempre miras debajo de la cama y entre las sábanas por si te has dejado algo y nunca hay nada.

34.- Has tenido que ponerte tantas capas de ropa como una cebolla porque no cabían en tu maleta de mano.

35.-Cuando vuelves de un viaje largo siempre se te escapa alguna palabra en otro idioma.


¿Y tú? ¿Qué haces siempre en tus viajes? ¿Qué cosas te pasan siempre que viajas? 
¡Completa la lista que Imanes de viaje ha comenzado! :D

29 de mayo de 2014

CARTA A MI PÚBLICO

'Con toda sinceridad, porque ustedes se lo merecen. Traigo siempre la verdad a cambio del amor que me ofrecen. Únicamente para quienes me quieren realmente y lloran al escuchar mis letras. Para quienes me defienden como si fuéramos de la misma sangre. Para quienes sienten mi malestar, perciben los matices y los significados ocultos de cada letra. Para aquellos a quienes he descrito, para los que he escrito como si mis palabras fueran suyas. Para los que he curado, para los que he ayudado, para los que he defendido. Para aquellos a los que les he transmitido mi fuerza y a los que mis palabras les dieron refugio. Para los enfermos de felicidad a quienes mis textos les sirven como soporte. Para los desconocidos que me consideran como un miembro de su familia. Para los que me hacen un lugar en sus corazones y en sus vidas. Eternamente gracias.'

Lettre a mon public – Kery James

28 de mayo de 2014

LA HOSPITALIDAD MARROQUÍ EN LAS ESTACIONES

Si hay algo que caracteriza al pueblo marroquí es, sin duda, su hospitalidad. Una hospitalidad a menudo difícil de entender cuando, desde Occidente, viajas a Marruecos por primera vez y no te cuadra que la gente te dé tanto sin esperar nada a cambio. Son muchas las anécdotas cotidianas que ponen de manifiesto la amabilidad marroquí y hoy quiero compartir con vosotros algunas de las que he vivido, concretamente en estaciones de tren y de autobús.

Estaba en la impresionante estación de trenes de Fez una tarde de viernes. Intentaba sacar mi ticket en una de las máquinas que hay para hacerlo pero ésta no aceptaba mi billete de 200dh (20€ aprox.). Después de dos intentos fallidos, el joven que estaba detrás de mí se puso a mi lado para intentarlo él. Cuando vio que aquello no funcionaba se giró para ver si había cerca algún guarda de seguridad que nos pudiera cambiar los 200dh y, antes de que pudiera dar un solo paso con mi billete en la mano, otros dos hombres que también se encontraban en la cola le pusieron el brazo delante, diciéndole con un tono ligeramente agresivo que dónde creía que iba con el billete de aquella señorita. Y es que, cuando digo que en Marruecos todo el mundo es policía secreta en potencia y que muy torpe tienes que ser para que te pase algo malo, lo digo por algo.


Otro día me encontraba en el tren que me llevaba desde el aeropuerto de Casablanca hasta Rabat, la ciudad en la que vivía. Nunca había hecho ese trayecto antes y el señor que se sentó a mi lado, después de un rato de divertida charleta en una mezcla de árabe-francés-español, me dijo que el tren no era directo, que tenía que hacer transbordo en Ain Sbaa. Sin ninguna doble intención, le comenté que era la primera vez que hacía ese viaje y, aunque él iba a otra ciudad, se bajó conmigo en la estación de Ain Sbaa y esperó unos 30 minutos a que llegará el nuevo tren que me llevaría hasta casa. Perdió su tren y tuvo que esperar después casi un par de horas más hasta que llegara el siguiente, pero no dudó en hacer de padre y despedirse con una gran sonrisa desde el andén, no sin antes advertiéndole a uno de los revisores del tren que aquella española se tenía que bajar en Rabat. El mismo revisor que, poco antes de llegar a Rabat, vino a mi vagón a decirme que la siguiente parada era la mía.

En uno de los viajes a Tánger coincidí en el compartimento del tren con un joven que iba con su hermano, su cuñada y un amigo. Aquel trayecto, por cosas que pasan en Marruecos, duró más horas de lo habitual y hasta las 10 de la noche no llegamos a nuestro destino. A pesar de que aquella familia, una vez en Tánger tenía que cogerse un grand-taxi para llegar a su pueblo – a varios kilómetros de la ciudad – para visitar a sus abuelos, se quedaron conmigo en la estación hasta que mis amigos llegaron a recogerme.


Era verano y después de pasar poco más de un día en Marrakech, decidí huir con mis amigas a Essaouira. Fuimos a la estación de buses con la intención de coger el primero que saliera hacia la ciudad costera, pero el que marchaba pocos minutos más tarde de que llegáramos no tenía plazas libres y nos tocaba esperar casi tres horas a que llegara el siguiente. Nos fuimos a la cafetería a tomar algo para hacer tiempo y, al poco rato, apareció el hombre que nos vendió el billete. Vino expresamente a buscarnos para decirnos que ese bus que estaba completo tenía ahora tres plazas libres y que nos acabáramos el té, que nos esperaban para que ocupáramos esos asientos y que, mientras tanto, iba llevando nuestras mochilas al maletero.


Acababa de llegar a Tánger con un amigo que nunca había estado antes en Marruecos. Fuimos a la estación de tren para dirigirnos a Fez y, una vez en el vagón, tras haber pagado religiosamente nuestro billete, pasó el revisor. Mi amigo no encontraba su ticket por ninguna parte y el revisor dijo que volvería en un rato. Lo hizo, pero el billete no había apareció. Compartíamos compartimento con tres mujeres de unos 60 años y, antes de que el revisor pudiera hablar de multas, las tres mujeres hablaron con él, diciéndole que el muchacho se habría despistado y habría dejado el papelito en cualquier sitio. Que lo había buscado por todas partes y que no había habido manera de dar con él. Unas mujeres que no nos conocían de absolutamente nada y que ni siquiera sabían realmente si habíamos comprado el billete, pero que se ‘enfrentaron’ al hombre para conseguir que finalmente se marchara entre risas, no sin antes recordarnos que es importante no perder los billetes después de haberlos pagado.

Y eso por no hablar de las multitudinarias merendolas obligadas que te pegas en los viajes; con el agua, los zumos, las galletas, la fruta, los batidos, los quesitos de la vache qui rit, la harcha, el malawi... gracias a gente que te conoce desde hace pocos minutos y que te ofrece su casa, la de sus hermanos, la de sus primos, la de sus padres y la del vecino si algún día te decides a pasar por su ciudad. Y te la ofrecen de verdad; con número de teléfono incluido.



Nota para todos los que sentís una gran nostalgia al hablar de ciertos temas.
Escuchad a todo volumen esta canción - especialmente el principio - y hagamos juntos sangre de las heridas.

No puedo evitar acordarme de la frase que aquel italiano - sorprendido por la hospitalidad de la gente en Marruecos - me dijo con cara de alegría y de pena: "Aquí aprendes que realmente la gente con la que te cruzas en la vida, por defecto, es buena. Muy buena. Y te das cuenta de que si desconfiamos tan a menudo de ellos es porque pensamos que pueden ser como nosotros..."

27 de mayo de 2014

LO QUE ME GUSTARÍA QUE LOS AMERICANOS SUPIERAN DE MARRUECOS

Esta es la traducción que he hecho de un artículo escrito por Jaclyn Dean, una joven americana residente en Rabat. Una enamorada de Marruecos que expone lo que le gustaría que sus compatriotas supieran acerca de Marruecos.

"Hace unos meses recibí un email de un viejo amigo. Me preguntaba que qué tal estaba y que en qué parte del mundo me encontraba. Cuando le conté que vivía en Marruecos me dijo: '¡No me digas! No me puedo creer que estés viviendo sola en un país musulmán. ¡Qué valiente eres! Yo no sería capaz…'  
Me sentí tan molesta que ni siquiera contesté al email. No me ofende que la gente me diga que soy valiente por haberme marchado a vivir sola a otro país, de hecho lo valoro mucho. Pero no soporto que alguien me diga que soy valiente por vivir en un país musulmán. 
 (…)
Me encantaría que los americanos supieran que Marruecos es un lugar seguro para vivir y que sí, es un país musulmán. Pero no, no es un país plagado de terroristas. Me gustaría que supieran que el Islam es una religión pacífica. De hecho, la palabra 'Islam' deriva de la palabra ‘salam’, que significa ‘paz’ y es, a su vez, la palabra que se emplea para saludarse. 
Me encantaría que los americanos supieran que Marruecos fue el primer país en reconocer la independencia americana y que ha firmado el tratado de paz ininterrumpido más largo de la historia de los Estados Unidos. Me gustaría que supieran que muchas mujeres marroquís son feministas. Son musulmanas y feministas; ambas son características compatibles siempre y cuando no impongamos nuestra visión occidental del feminismo. 
Me encantaría que los americanos supieran que a pesar de los altos índices de acoso sexual, la mayoría de los hombres son respetuosos con las mujeres y nos tratan de forma digna, tal y como el Corán les dice que deben hacerlo. Me gustaría que los americanos supieran que el pueblo marroquí es el pueblo más hospitalario que he conocido en mi vida y que Marruecos es un país en el que frases como ‘tú eres parte de nuestra familia’ no se dicen por decir.
Es habitual, por ejemplo, llegar a una estación y que la gente se vaya de la cola para ayudarte a comprar el billete de tu próximo tren, un tren que sale en 60 segundos. Mientras tú corres para llegar a tiempo, ellos te llevan las mochilas, vigilan que te montes en el tren correcto, comprueban a través de la ventanilla que has conseguido asiento y se despiden de ti desde el andén mientras tu tren se marcha. Son extraños, aunque parezcan amigos tuyos. Igual que lo parecen los que viajan en tu vagón y te obligan a formar parte de la comida familiar improvisada que están haciendo. 
Me encantaría que los americanos supieran que en Marruecos no sólo existe el desierto, que también están las montañas del Atlas, las montañas del Rif, cientos de miles de playas… Que Marruecos es más que paseos en camello, tagines, encantadores de serpientes y especias baratas. Me gustaría que supieran que el cous-cous no sabe nada bien cuando te lo sirven precocinado en una caja, pero que tiene un sabor increíble cuando una madre marroquí lo cocina durante tres horas cada viernes por la mañana.
Sé que a veces Marruecos no es un país fácil para vivir, pero me encantaría que los americanos pudieran entender que si insultan a Marruecos yo lo voy a defender. Sencillamente porque es mi casa."
 
Aquí podéis leer el artículo original de Jaclyn Dean: What I wish American knew about Morocco.

22 de mayo de 2014

CANCIONES QUE NUNCA PASARÁN DE MODA



Si lo que quieres es vivir cien años no pruebes los licores del placer. Si eres alérgico a los desengaños olvídate de esa mujer. Compra una máscara antigas, mantente dentro de la ley. Si lo que quieres es vivir cien años haz músculos de cinco a seis. Y ponte gomina que no te despeine el vientecillo de la libertad. Funda un hogar en el que nunca reine más rey que la seguridad. Evita el humo de los puros, reduce la velocidad. Si lo que quieres es vivir cien años vacúnate contra el azar.

Deja pasar la tentación, dile a esa chica que no llame más. Y si protesta el corazón en la farmacia puedes preguntar: ¿tiene pastillas para no soñar? Si quieres ser matusalén, vigila tu colesterol. Si tu película es vivir cien años, no lo hagas nunca sin condón. Es peligroso que tu piel desnuda roce otra piel sin esterilizar, Que no se infiltre el virus de la duda en tu cama matrimonial.Y si en tus noches falta sal, para eso está el televisor.

Si lo que quieres es cumplir cien años, no vivas como vivo yo.

20 de mayo de 2014

PERO Y TÚ... ¿EN QUÉ CREES?

Cuando estás en un país en el que la religión lo abarca todo, es normal que algunos quieran saber porqué no eres como ellos. Para alguien con una fe tan fuerte es difícil entender que otras personas puedan ser felices sin creer en nada. O, mejor dicho, sin creer en ningún Dios. Pero es que, como dice Lechowski, mi Dios es uno y está en todos y ahí fuera os estáis matando por él, por ponerle apodos.

- Y, entonces... ¿Tú en qué crees?

- En nada. O en todo. Creo en la gente y en mí. Creo en el poder del ser humano para cambiar las cosas. Creo en la capacidad de cada individuo para hacer del mundo su mundo. Creo en la confianza, en la unión, en la interacción y, sobre todo, en la acción-reacción. Creo en la felicidad sólo si es compartida y en la ilusión que lleva a la gente a hacer cosas sin esperar algo a cambio. Creo en las ganas, en el esfuerzo, en la entrega y en la dedicación. Creo en vosotros, en todos los que hacen de mi creencia una realidad. En los que me demuestran que no estoy equivocada y que nunca es tarde para empezar a hacer las cosas bien.

¿Cómo no voy a creer en la gente?

Somos la última generación que puede cambiarlo todo. No podemos permitir que los que vengan después se encuentren esto peor de lo que nos lo encontramos nosotros. No sólo no sería justo, sino que sería un fracaso. Un fracaso de todos y cada uno de nosotros. Porque si no somos parte de la solución, somos parte del problema. Hay que implicarse, hay que mojarse, hay que jugársela, hay que arriesgarse. No hay que dejar las cosas pasar, hay que hacer que las cosas pasen por nosotros. La vida está con nosotros. La verdad está en nosotros. 

Si algo no sabes lo que es, ve y tócalo. Si algo no lo entiendes, pregúntalo. Si alguien te da un pescado, cógelo. Pero no dejes nunca que se vaya sin haberte enseñado antes cómo pescar. Si quieres hacer algo, házlo. Y si no quieres hacer algo no lo hagas, pero no pongas excusas. Si alguien dice una barbaridad delante de ti, llámale la atención. Igual aún no sabe que es un ignorante. Si tienes que pedir perdón, pídelo. Si tienes que dar las gracias, dalas. Si no vas a decir la verdad, no la digas. Pero, al menos, no mientas. Aprende a ser humilde, a ser honesto y , sobre todo, a ser libre. No es nada fácil, pero... para eso estamos aquí, ¿no?


Cualquier cosa que hagas en la vida será insignificante, pero es importante que la hagas porque nadie más la hará. - Gandhi

11 de mayo de 2014

APUNTES BÁSICOS DE DARIYA MARROQUÍ PARA PRINCIPIANTES

Por fin. Por fin ha llegado el día en el que puedo publicar esta entrada. Sin saberlo, llevo casi cuatro años trabajando en un proyecto que surgió de las ganas de hacer las cosas bien y de la ilusión por no dejar nunca de aprender. Un proyecto que hoy, por fin, puedo parir y mostraros.

Como sabéis, Marruecos y su gente son parte de mí y, como no podía ser menos, su idioma también. Desde que visité el país por primera vez he estado aprendiendo árabe marroquí – dariya – de forma continua y autodidacta. Y hoy, cuatro años después de aquel primer viaje, me llena de orgullo y satisfacción poder compartir con todo aquel que así lo desee mi librillo de ‘APUNTES BÁSICOS DE DARIYA MARROQUÍ PARA PRINCIPIANTES'. 

Unos apuntes personales e informales en los que podrás encontrar:

1. Notas para la pronunciación.
2. Personas y posesivos.
3. Números.
4. Días de la semana, meses del año y fiestas.
5. Vocabulario (ordenado alfabéticamente).
6. Verbos en presente simple.
7. Preguntas y respuestas.
8. Frases cotidianas.
9. Frases coloquiales.
10. Expresiones.
11. Palabrotas e insultos.
12. Curiosidades.

¡¡Ya disponible la nueva versión de Mayo de 2o17!!

'Si estás leyendo esto es que tú también estás interesado/a en aprender el árabe dialectal de Marruecos, el dariya marroquí. En el país vecino la gente valora enormemente que sepas hablar su idioma y a mí me encanta el dariya. Desde el primer momento me llamó la atención y quise aprenderlo. No lo he estudiado nunca; lo he aprendido en la calle, conviviendo con marroquíes, y eso hace que el aprendizaje sea mucho más práctico y útil. Lo practico cada día y aún estoy empezando, pero creo que voy por el buen camino. 
No pretendo que esta especie de manual para principiantes se convierta ni en un referente, ni en un sustituto de ningún libro de texto. Simplemente son los apuntes de una joven española – más de números que de letras – que, de forma autodidacta y con mucha ilusión, ha ido haciendo y deshaciendo desde el año 2010 – cuando visitó Marruecos por primera vez y lo único que sabía de árabe era salam y shukran – y durante los meses que residió en Rabat. 

Los apuntes que tienes entre manos se han hecho de forma natural (preguntando, escuchando, preguntando de nuevo y volviendo a escuchar) y con una única intención: aprender y recordar lo aprendido. Por eso no encontrarás por aquí ni una sola grafía árabe; sólo palabras y frases transcritas – con grafías que nos resultan más familiares – y  traducidas a español. Un conjunto de anotaciones, observaciones y explicaciones de andar por casa que a mí me han servido para llegar a tener un nivel básico más que aceptable del que me siento muy orgullosa. 
Por eso, ahora que me decido a compartirlos, mi mayor interés es que te resulten útiles para adquirir conocimientos básicos, que los disfrutes y que los ponga en práctica - en Marruecos, en España o donde sea - con las mismas ganas y el mismo cariño con el que yo lo hago. 
Un abrazo grande y… ¡bsaha w raha! 
Carlota M.'





EN FORMATO FÍSICO

Precio: 15 euros.

¿Qué incluye? 

1.      Librillo con mis 'Apuntes básicos de dariya marroquí para principiantes’ a ordenador y encuadernados.
2.      Postal de Marruecos dedicada.
3.      Gastos de envío incluidos. 

¡Extra, extra! 

- Por sólo 2 euros más (17 euros en total), recibirás:
* los apuntes 

* un bote de kohl negro (en polvo)
Gastos de envío incluidos.



¿Cómo puedo realizar mi pedido?

¡Muy fácil! Si quieres conseguir cualquiera de los productos que he comentado sólo tienes que enviarme un email a la dirección noesnadapersonal7@gmail.com y te mandaré los datos para realizar el pago y toda la información que necesites antes de hacer el pedido. En el contenido tienes que incluir tanto la dirección postal como el nombre de la persona a la que va dirigido, para escribir la dedicatoria personalizada. 

Os pediría por favor que, para facilitarme el trabajo y que hubiera menos líos, me hicierais los pedidos sólo a través del email - y no por Facebook y/o Twitter - porque si no llevar un orden y un control va a ser bastante más complicado que aprender dariya. 


¿Y si compro los apuntes y luego no me gustan?
  
Más se perdió en Cuba así que no hay de qué preocuparse. Si realizas tu pedido y lo que te encuentras no es lo que esperabas y/o buscabas… ¡te devolvemos el dinero! Y hablo totalmente en serio. ¡Que no se diga, hombre! Confío en que no se va a dar el caso pero si se diera ya lo hablaríamos. (Los gastos de envío de vuelta, eso sí, ya no correrían por mi cuenta).




Pero... ¿aún sigues ahí?

No me puedo creer que todavía no me hayas mandado el email... ¡A qué esperas para hacerlo! ¡Aprender dariya de forma fácil y práctica, con mi fantástico guía-burros, nunca antes fue tan sencillo y tan barato! Y si no ya me lo dirás... 

¡Shukran bzzaf, familia! ¡Y que el ritmo no pare! :D


Vídeo de Javier Ibarra sobre los apuntes: "Aprende dariya marroquí con Carlota."

Vídeo de Nataly Olvera sobre los apuntes: "Dariya marroquí."

¡Aquí te presento a algun@s de los que ya los tienen! 

9 de mayo de 2014

ME ENAMORÉ DE MARRUECOS Y DE LO QUE EL PAÍS HIZO EN MÍ

Hoy os presento a Nela, una joven de 22 años de Navarra (España), estudiante de Educación social, que acaba de volver de su segundo viaje a Marruecos. Quiere compartir con nosotros cómo ha sido su experiencia en el que país que, como dice ella, cambió su vida.

"Hace apenas cuatro días que pisé suelo español tras un nuevo paseo por las hermosas tierras marroquíes, esta vez por Fes y Merzouga, y ya empiezan a extrañarse los olores, los colores, el tacto del viento, el sonido de los gallos al amanecer, de los carros arrastrados por esos preciosos caballos, de los niños jugando a todas horas en la calle, de los tenderos llamándote por todos los nombres de mujer posibles para llamar tu atención... Y es que así es Marruecos, tan lleno de matices, de mezclas de culturas; tan lleno de aire y mar, de juventud y vejez, de la convivencia entre lo nuevo y lo viejo, tan abierto al extranjero y tan capaz de hacerte sentir como en casa.  
La mayoría cree que he perdido la cabeza pero ya estoy preparando, con gran ilusión, mi próximo viaje. ¿Qué tendrá este lugar para enganchar de esta manera, para que nada más decir ‘adiós’ ya estés pensando en volver a decir ‘hola’? Momentos únicos, aprendizajes que han marcado mi vida… He vuelto a casa y no puedo evitar sentirme rara tras haber dejado atrás el mágico mundo de Marruecos; un país dinámico, cambiante y estresante que, como digo, engancha.
Desde muy pequeñita, quizá porque tengo sangre andaluza, me ha llamado la atención África y el mundo árabe y el verano de 2013 decidí marcharme sola a Hassilabied (Merzouga), a los pies del desierto de Erg Chebbi, a trabajar como voluntaria. Cuando mi familia y mis amigos se enteraron pensaban que estaba loca y todos se mostraban muy preocupados. ¿Pero no te da miedo que te secuestren, que te roben, que te violen…? ¡Mira que los moros son muy machistas, ándate con ojo! Te van a cambiar por camellos. No vayas nunca sola que allí no te van a respetar. Vigila el móvil, la cartera… Comentarios que intentaba no escuchar pero que en algunos momentos me hacían sentir intranquila. 
Pero fue llegar a Marruecos y comprobar que todas esas afirmaciones son puras falacias. Generalizaciones injustas y sin sentido. Las personas que allí conocí, voluntarios y marroquís, son muy importantes para mí y no soy capaz de explicar con palabras todo lo que viví, reí y disfruté con aquella experiencia. Trabajé con niños de la zona, tanto con enseñanzas de idiomas como con juegos de carácter inclusivo, además de colaborar en la mejora de las infraestructuras tales como el colegio o el club de jóvenes. 
Fueron días duros, de intenso calor, de cansancio y de algún que otro susto por temas de enfermedades gástricas e insolaciones, pero nada grave que no tenga solución. Fueron días increíbles, disfrutando de paisajes únicos. Oasis, las gargantas de Dades y Todra, el majestuoso Sáhara… Un lugar increíble, lleno de magia, en el que te das cuenta de que las respuestas para las preguntas que la vida te plantea están únicamente en tu interior. Desde que sentí esa magia siempre digo que no hay mejor psicólogo que la soledad en la inmensidad de la arena del desierto. El desierto y su gente, con su amabilidad y hospitalidad, su capacidad para guiarse por las estrellas y la luna, su mentalidad tan ‘Tamazigh’, su pensamiento de que lo que define a los seres humanos es su libertad y su destino escrito, su dominio que tenían atravesando el desierto descalzos… 
Aquella fue mi primera experiencia en el país vecino y, como os comentaba, acabo de volver de mi segundo viaje. Un viaje en el que he vuelto al lugar del que nunca me he ido y en el que, por primera vez, he convivido durante unos días con una humilde familia marroquí. Una familia que nos ha abierto las puertas de su casa, de su vida y de su corazón. Una familia a la que nunca sabré cómo agradecerle su cariño y su trato. Una familia que no tenía porqué haberme dado nada, porque no me conocían, y sin embargo me lo han dado todo. Una familia que, una vez más, me ha recordado porqué Marruecos y su gente ocupan en mi corazón el lugar que ocupan. 
Conocer Marruecos me ha abierto los ojos y me ha hecho ser más tolerante ante lo nuevo y diferente, más abierta, más completa. Desde el primer momento me enamoré de Marruecos y de lo que el país ha hecho en mí. Me ha liberado de prejuicios y estereotipos, he crecido, he evolucionado y he aprendido lecciones de vida muy necesarias para mi día a día. Para sentirme orgullosa de quien soy y para ser feliz. 
De verdad os digo; no seáis ciegos, no os dejéis llevar por la realidad inventada que los medios de comunicación venden como cierta. Conoced Marruecos, un país lleno de cosas por descubrir. Viajad y juzgad por vosotros mismos. Sed críticos y tened opinión propia sobre lo que os rodea. Aprended a apreciar las pequeñas cosas de la vida que el ritmo occidental nos hace olvidar. Y, por favor, no os vayáis de este mundo sin que vuestros sentidos hayan podido gozar de esta increíble tierra. Marruecos."

Si quieres que tu historia también aparezca por aquí sólo tienes que pedirlo. Ponte en contacto conmigo e intentemos entre todos, desde nuestra experiencia personal, transmitir la realidad, buena y menos buena, de Marruecos. 

8 de mayo de 2014

LIMPIARSE CON PAPEL HIGIÉNICO NO ES HIGIÉNICO

Hace ya un tiempo hablé de lasfamosas letrinas o placas turcas; esos agujeros en el suelo de los baños - mejor o peor decorados - en los que medio mundo hace sus necesidades mientras el otro medio, desde su aristocrático trono, critica esa forma tan poco 'civilizada' de hacer de vientre.

Como comenté, siempre que la situación lo permita, soy fan incondicional de este tipo de retretes por múltiples razones. Naturalidad, higiene, limpieza, economía, salubridad… Y si en aquel momento os comenté cómo se iba al baño en países como Marruecos, hoy voy a ser bastante más explícita para explicaros uno de los temas que más interés parece suscitar. ¿Es cierto que los musulmanes se limpian el culo con la mano? Pues sí, así es. ¡Pero qué asquerosidad! ¡Qué guarros! Para el carro ahí y reflexiona un momento.

Fotografía de viajandoporahi.com
                                                                                                                             
Para los musulmanes la mano izquierda es la mano impura, la mano con la que se lavan tras hacer sus necesidades, mientras que la mano derecha es la que utilizan para comer. “Ninguno de vosotros debe tocarse el pene con la mano derecha cuando está orinando, ni higienizarse con la mano derecha después de hacer sus necesidades”. Es por eso que en países como Marruecos el papel higiénico en los baños no abunda demasiado y cuando vas de viaje es recomendable llevar siempre contigo clínex o papel por si te cuesta adaptarte tan rápido a las costumbres locales y quieres limpiarte como te has limpiado toda la vida. Por cierto, ahora que sacáis el tema… ojo con tirarlo todo por el desagüe. Las instalaciones no suelen están preparadas para soportar tal cantidad de papel y más de uno ya nos hemos llevado un susto por pensar que estábamos en nuestra casa.

A lo que íbamos... ¿pero me estás diciendo en serio que se limpian el culo con la mano? Como lo oyes. Nadie me cree ahí fuera pero los musulmanes, especialmente los que rezan como está mandao, son tremendamente higiénicos en su intimidad. Y aunque limpiarse el culo con la mano en principio pueda parecer horrible, todo es empezar… Os lo aseguro. En Marruecos, igual que en tantos otros países musulmanes, hay dos formas de hacerlo. La primera de ellas, la más ‘humilde’, consiste en utilizar uno de los pequeños cubos de plástico que hay en el baño, valiéndote del grifo que normalmente sale de la parte baja de la pared. Lo llenas de agua y te limpias como limpiarías con agua algo que está sucio. Tan simple como eso. Luego te lavas las manos y listo. La otra forma, un poco más sofisticada, consiste en lavarse con una manguerilla similar a la de la imagen, con agua ‘a presión’, mientras utilizas una pastilla de jabón. O eso, o el tan poco valorado bidé. El maravilloso, excelente, extraordinario y fantástico bidé. Un viejo amigo que poca gente utiliza para su verdadera función. Obviamente cada uno lo puede emplear como más le guste o más le convenga, pero el bidé no fue diseñado ni para lavarse los pies, ni para que meen los niños, ni para dejar ropa sucia… El bidé es para limpiarse el culito, amiguitos. Para mí, la combinación perfecta. Primero papel y después agüita en el bidé. ¡Qué frescor! ¡Qué maravilla!


Cabe decir además que el hecho de que hagas tus necesidades de cuclillas irremediablemente hace que te manches menos. Siento ser tan gráfica pero lo bien explicado estará bien explicado siempre. Si cagas sentado en un retrete, por el simple hecho de estar 'cerrado' habrá más superficie de roce y, por narices, más superficie manchada. Sin embargo, de la otra forma, al ser más directo hay bastante menos que limpiar. Y si encima de que hay poco, lo lavas con agua… ¡Estupendístico!

Carlota, me sigue pareciendo una guarrada, de verdad. ¿Sí? Pues prueba una cosa. Coge un trozo de mierda – humana o animal, eso lo dejo a tu elección – y restriégatela por las manos. Cuando te hayas cansado de hacer el tonto coge entonces papel higiénico y límpiatelas. Frota todo lo que quieras. Dale, dale. Las veces que te apetezca. ¿Ya? ¿Qué? Limpito, ¿eh? Ni huele ni nada... ¡¡Y una mierda!! Pues eso es exactamente lo que haces con tu culete cada vez que vas al baño atendiendo la llamada de la naturaleza y no utilizas agua para lavártelo después... 

6 de mayo de 2014

LA CACHIMBA NO ES TÍPICA DE MARRUECOS

Cuando fui por primera vez a Marruecos en el año 2010 no sabía prácticamente nada del país. Sólo que era un país musulmán – sin saber realmente qué significaba eso – y que en árabe se usa la misma palabra para decir ‘paz’ que para decir ‘hola’. Salam. El resto era todo un mundo nuevo por descubrir...

Al llegar a Marrakech, la última ciudad que visitamos en aquel primer viaje, vimos que en prácticamente todos los puestos de los zocos se vendían cachimbas. Cachimbas, shishas, narguiles… Llámalo como quieras. El caso es que, fiándonos de lo que veíamos, aquel producto parecía ser típico de Marruecos. Casi tanto como las mochilas de cuero o los imanes para el frigorífico con forma de babucha. Además, sin buscarlos, solíamos pasar por locales en los que también se fumaba cachimba y, pecando de novatas, nos decidimos a entrar en uno de ellos. Todo hacía suponer que aquello era algo de lo más habitual en Marruecos. Casi, casi un patrimonio nacional…


Pero no, amegos. Lo siento, pero no. Las cachimbas no son una tradición en Marruecos. Tengo entendido que son originarias de la India y de Pakistán y que en otros países árabes como Egipto sí es habitual ver a gente fumando narguile, pero en Marruecos no. Las familias en casa no tienen cachimbas, en la calle no verás a gente tirando de cachimba. Las cachimbas en Marruecos son un invento importado. No es algo típico, es sólo una moda. Una moda cada vez más habitual entre los más jóvenes, especialmente entre los que - de alguna forma - tienen contacto directo con el extranjero.

Su uso es incluso más reciente que en España y hasta hace muy pocos años los locales destinados a fumar cachimba se contaban con los dedos de una mano y – ¡oh, sorpresa! – los regentaban sólo turistas occidentales y libaneses, turcos, egipcios… Sólo que el número ha aumentado considerablemente, tanto que en ciudades como Casablanca hay ya más de 100 cafeterías destinadas a tal fin.


Pero en un ambiente normal casi nunca verás una shisha. Si quieres hacerlo deberás ir a:

1. Los zocos de las grandes ciudades especialmente, donde la mayoría de las que se venden son de calidad cuasi nula ‘Made in China’ y donde, a menudo, son más caras que en España.

2. Alguno de los locales a los que la gente va exclusivamente a fumar shisha. Suelen ser caros, con una decoración ostentosa, unos sofás, unas mesas y una música que invita a pensar que el invitado estrella suele ser un extranjero... En algunos hasta el dueño hace la vista gorda cuando te ve meter un poquito de chocolate, no te digo más. Pero esto que quede entre nosotros.

3. Un riad / hotel en el que el jefe o la jefa haya sabido aprovechar la coyuntura, se haya subido al carro de la nueva moda y venda fumeteo moruno como forma de vida. 

Ah, por cierto. La gansada esa de que no se te permite fumar cachimba si eres mujer... en fin, creo que no hace falta decir más. Así que, ya sabéis. Si os apetece darle a la shisha en Marruecos podéis hacerlo perfectamente, de la misma forma que lo haríais en España o en muchos otros países, mientras charláis, tomáis un té...  Pero si queréis disfrutar de productos típicamente marroquís mucho me temo que no es la mejor opción. Y es que la cultura de la cachimba en Marruecos no existe, son los guiris.

3 de mayo de 2014

SER MORO, MUSULMÁN Y/O ÁRABE

Como bien dice la canción, a las cosas por su nombre. Creo que ya va siendo de hora de que sepamos qué decimos cuando utilizamos ciertos términos. ¿Moro, musulmán y árabe es lo mismo? No, no, no y, setenta veces siete, no. Haciendo un breve resumen espero poder ayudar a que los que aún confunden conceptos puedan ver la luz al final del túnel...


Árabe.
Originario de Arabia. Árabe es una etnia, una raza, una cultura, una lengua.

Musulmán.
Seguidor del Islam. Ser musulmán es cuestión de religión, no de raza, ni de color, ni de procedencia, ni de nada más que de religión. Alguien es musulmán porque cree en Alá y en todo lo que eso significa.

Moro.
En la época romana se utilizaba el término maurus para referirse a los habitantes del norte de África - del Gran Magreb - zona a la que denominaban Mauretanea. La palabra moro hace referencia entonces a los habitantes de Marruecos, del Sáhara Occidental, de Mauritania, de Argelia, de Túnez, de Libia… 

La palabra moro no es una palabra despectiva si no se dice con la intención de ofender. El problema es que en España tiene ya un sentido tan peyorativo que ha hecho que se haya perdido la esencia del concepto. Pero si alguien es moro, es moro y punto. Aunque a mí cada vez me gusta menos esa palabra... Prefiero usar magrebí, un sinónimo perfecto.


O sea que… ¿no todos los musulmanes son árabes?

Ni muchísimo menos. Hoy en día se calcula que en el mundo hay más de 1500 millones de musulmanes y, ojo que vienen curvas, la inmensa mayoría no son árabes. De hecho, sólo el 20% de los musulmanes son árabes. Sí, lo sé. Te acabas de caer con todo el equipo. Pero es así. Ninguno de los 4 países con más musulmanes por metro cuadrado (Indonesia , Pakistán, India y Bangladesh) es árabe.

O sea que… ¿no todos los moros son árabes?

No. Como decía, moro hace referencia a los habitantes del Magreb. Y entre ellos se encuentran, por ejemplo, los bereberes (amazigh). Éstos están presentes en todos y cada uno de los países que integran el Magreb y no tienen nada que ver con los árabes.

O sea que… ¿no todos los árabes son musulmanes?

Para nada. En países árabes como Egipto, se estima que el 12% de sus más de 85 millones de habitantes son coptos. Cristianos coptos. Ah, por cierto. Egipto no forma parte del Magreb. ¿Y qué significa eso? Efectivamente. Que los egipcios no son moros.

O sea que... ¿no todos los moros son musulmanes?

La inmensa mayoría sí lo son; prácticamente todos los habitantes del Magreb son musulmanes, pero también existen todavía pequeñas comunidades de judíos. Tanto judíos sefardíes, descendientes de aquellos que fueron expulsados España en el siglo XV, como judíos mizrajíes. Es decir, que hay moros judíos. Y también cristianos.


O sea que… ¿no todos los árabes son moros?

Ni de coña. Moros son, repito, sólo los habitantes del norte de África. Los que son de Arabia Saudí, de Egipto, de Siria, de Jordania, de Libia, de Irak… son árabes porque su lengua deriva del árabe clásico, porque son originarios de Arabia, pero no son moros.

O sea que… ¿la inmensa mayoría a los que llamamos moros, en verdad, no son moros?

¡Eeeeeequilicuá! Veo que al menos alguien me ha entendido. No sólo es que no sean moros, es que muchísimos de ellos ni siquiera son árabes. Los turcos, los afganos, los iraníes… no son moros (porque no son del Magreb), y tampoco son árabes (porque no comparten ni el idioma ni el origen).

De hecho, y perdón por desmontar otro mito, los pakistaníes ni son moros ni son naturales de ningún país árabe. Así que, si me estás leyendo desde España y eres de los que normalmente llama moro al pakistaní que le vende las cervezas o al pakistaní del kebap de su barrio, te interesará saber que mientras él tiene cero papeletas para tener sangre mora - por lo que ya he explicado - tú tienes más de 800 años de historia de venta de papeletas morunas en tu país, así que es bastante más probable que alguna te haya tocado. No sé si me explico…