22 de enero de 2017

NO OLVIDES TU HISTORIA

Recuerda siempre, mujer, que si hoy puedes pensar en voz alta sobre ciertos temas, es gracias a que otras mujeres le plantaron cara al sistema que las callaba. Muchas perdieron sus amistades, sus parejas, sus trabajos, su libertad e incluso su vida porque creían en lo que estaban haciendo. Hubiera sido más fácil callarse y hacer como si no pasara nada, permitiendo que se nos siguiera negando el derecho a votar (hace apenas 80 años que podemos hacerlo), el derecho a viajar sin la autorización de un hombre, el derecho a querer cobrar por trabajar, el derecho a decidir no tener hijos, el derecho a estudiar, el derecho a firmar tus trabajos, el derecho a tener tus posesiones a tu nombre... El derecho a ser mujeres. Gracias a ellas, hoy podemos ser quien somos. O, al menos, podemos intentarlo. Que ya es mucho. Por eso, si te escucharan hablar, ¿crees que se sentirían orgullosas de cómo utilizas la palabra? Si te vieran actuar, ¿pensarían que mereció la pena sacrificarlo todo - todo - para que tú puedas tener libertad de acción y de pensamiento?

18 de enero de 2017

CRISTINA PEDROCHE EMPODERANDO A ADOLESCENTES

- Soy una adolescente americana y he venido a España para aparecer en un programa de televisión porque soy candidata en la NASA para viajar a Marte en 2033. Voy a estudiar astrobiología y sé español, francés, chino, ruso e inglés. Estoy aprendiendo a pilotar aviones y llevo años entrenándome, física y mentalmente, para poder cumplir mi sueño. ¡Me apasiona lo que hago!

- Que sí, maja. Que sí. Pero ¿y si te echas un novio ideal para entonces y no te quieres despegar de él? Igual dices "no me quiero ir a Marte". Porque imagino que se debe tardar un montón en ir allí...

- (Permíteme que me descojone, guapi).

España, s.XXI.
Mujeres en eterno cortocircuito ayudando a empoderar a otras mujeres desde tiempos inmemoriales.

http://www.antena3.com/programas/el-hormiguero/invitados/alyssa-carson-la-joven-de-15-anos-que-quiere-viajar-a-marte_20170117587e91650cf27e08c3583f3f.html


15 de enero de 2017

CON LA INTENSIDAD DE UN VIAJE

No hay nada que viva más intensamente que un viaje. Lo disfruto con pasión, con ilusión, con curiosidad y con ganas. Con ganas de crecer, de aprender, de experimentar y de sentir. Con ganas de que me traspase y de que, a mi vuelta, ese destino viaje en mí. Preparando mi mochila para emprender una nueva aventura, no puedo evitar acordarme de mi viaje a Irán hace unos meses. Una experiencia inolvidable en la que admiré paisajes y mezquitas impresionantes, conocí a personas que me recordaron que todos somos uno divido en carne y me emocioné mucho. Es lo malo de vivir de una forma tan intensa, que corres el riesgo de llorar un poquito.

La primera de ellas, cuando la familia de Bahare nos llevó a la estación de autobuses para despedirse de nosotras. Les conocimos en la calle, en un evento en la famosa plaza de Isfahan, y nos acogieron en su casa durante nuestra estancia allí. Comíamos con ellos, dormíamos con ellos y pasábamos el día con ellos. A ella le regalé mi maquillaje y parte de mi ropa; no porque Bahareh lo necesitara sino porque yo necesitaba darle lo único que tenía. Nos repitió en varias ocasiones que le ha había pedido varias veces a Allah que le llevara a extranjeras a su casa, para dejar de pensar en la realidad. Es tan humilde que encima se sentía agradecida ella por haber disfrutado de nosotras esos días y, cuando entre lágrimas y abrazos, nos lo recordó al subir al autobús, no pude evitar llorar con ella.


La segunda vez fue en Shiraz, cuando nos colamos en la mezquita más grande de la ciudad, en la que miles y miles de chiítas celebraban el día en que Muhammad fue elegido por Dios como el profeta. Fue entrar en otra realidad, en otro mundo. En un ambiente cargado de esa energía incontrolable, de ese algo que no se puede explicar con palabras pero que te sacude desde la nuca hasta los pies. Estábamos en medio de una paz que nos revolvió, nos puso los pelos de punta y nos emocionó como si fuéramos una más.

Y, por último, en Yazd, en el sur de Irán, cuando ya quedaban pocos días para volver a casa. Era de noche y Reza, el camarero del bar de zumos que habíamos conocido en Shiraz, con el que tanto nos habíamos reído, nos escribió para decirnos que teníamos que volver a su ciudad para seguir disfrutando juntos. Pero no podíamos; ya no teníamos tiempo, había que volver. Había que terminar nuestra andanza por Oriente. Y me volví a emocionar. Por la sensación de libertad que me produce el tener sólo una mochila llena de lo que soy capaz de cargar, por sentirme afortunada y a la vez desdichada por saber que personas como yo han nacido en el país equivocado, por saberme pequeña en un mundo tan complejo, por recordar lo efímero de nuestra existencia y por saber que sólo estamos de paso y que no hay mayor recompensa que la de saber que alguna vida ha respirado mejor porque tú has vivido.

LA HOSPITALIDAD IRANÍ

Ambas fotos son en Isfahan (Irán), en una plaza en la que nos paramos a descansar. Al poco rato de estar allí, refrescándonos en una de las innumerables fuentes que hay por el país, se nos acercó un chico. Un joven que poco antes nos había visto pasar por delante de su tienda. Traía en la mano un melón de esos pequeños, redondos y amarillos, y un cuchillo. No dijo ni una sola palabra pero con su sonrisa lo dejó bien claro. "Esto es para vosotras". No sólo nos lo dio sino que nos lo cortó él mismo, rodaja a rodaja, hasta que se terminó. A los pocos minutos se acercó otra persona, esta vez un niño que salió de una mezquita, en calcetines, con una bolsa grande llena de pequeñas bolsitas de frutos secos (¡benditos pistachos iraníes!) y bocadillos de queso con pepinillos. Ambos vinieron, nos dieron lo que traían para nosotras y, con ese increíble gesto de bajar la cabeza mientras te llevas la mano al corazón, se marcharon. Sin decir absolutamente nada. Diciéndolo todo. Así que ya sabéis. No vayáis a Irán, puede que la gente os dé de comer en mitad de la calle, a plena luz del día. Con premeditación y alevosía.



"Lo mío con Irán fue amor a primera vista… Pero no fue cualquier amor, fue amor del bueno y del puro. Y es que Irán es un lugar que recibe al visitante, lo abraza, lo consiente, lo deslumbra, lo maravilla, le quita la respiración, luego lo enamora y finalmente lo deja ir con millones de imágenes y experiencias imborrables en la cabeza y un profundo deseo de volver a visitarlo antes de morir". - Blog de Banderas

MI ENTREVISTA PARA HOUDA EL IMLAHI

¡Os dejo con la entrevista sobre Marruecos que Houda El Imlahi me ha hecho para su trabajo en 2º de Bachillerato! :D

- ¿Cuáles fueron los aspectos que te llamaron la atención de Marruecos por los que decidiste ir?
Para ser honestos, llegué a Marruecos por casualidad. Con mis amigas siempre solíamos viajar al destino desconocido más barato que nos salía en el buscador de vuelos y aquel año fue a Fez. Recuerdo que no sabíamos ni ubicarlo en un mapa y, después de buscarlo en Google, nos compramos los billetes y allí fuimos.




- ¿Tu familia y amigos que pensaron cuando decidiste ir a vivir?
Cuando decidí irme a vivir a Marruecos vivía en Inglaterra. Mi familia habría preferido que me quedara allí pero mis amigos, muchos de ellos también enamorado de Marruecos, se alegraron al saber que iba a vivir en un país en el que me siento en mi salsa.

- Al llegar, ¿qué es lo primero que pensaste? ¿Es lo que te habías imaginado antes de ir o era completamente diferente?
Como comentaba, la primera ciudad a la que llegamos era a Fez. Cogimos un taxi para ir del aeropuerto a Bab Boujloud, una de las puertas principales de la medina, y recuerdo que durante ese trayecto me llamó mucho la atención el color amarillento que parecía teñirlo todo, la indumentaria de la gente y la forma de conducir. No sabía muy bien lo que me iba a encontrar así que, más que a comparar, me dedicaba a observar.

- ¿Por qué decidiste volver a Marruecos para quedarte a vivir? 
Como expliqué en este post en el blog fueron un conjunto de señales las que me dijeron que tenía que irme a Marruecos. En Inglaterra no estaba bien, no estaba aprendiendo inglés, no estaba ahorrando dinero, no estaba conociendo gente que quería conocer… Me faltaba calor humano y dosis de realidad. Además, sabía perfectamente que no es lo mismo estar de vacaciones en un lugar que vivir en él y quise comprobar cómo era el día a día en el Magreb. Contacté con una familia marroquí que quería que sus hijos aprendieran español y pensé que era la mejor manera de meterme de lleno en el país, en el Marruecos que aún no conocía.


- ¿Crees que la cultura y la tradición tienen algún parecido con las de España?
Muchísimas cosas en común, especialmente con el sur de España. He comentado muchas veces que mi familia materna es extremeña y para mí viajar a Marruecos fue como viajar de nuevo al pueblo de mis abuelos, a mi infancia. A los juegos en la calle, el panadero y el frutero viniendo a gritos y en furgoneta a vender sus productos, las puertas de casa literal y metafóricamente abiertas, la comida, el clima… No sé. En Europa nunca sentí que estaba en casa, y en Marruecos es la sensación que suelo tener.

- ¿Consideras que se les da más seguridad a los turistas que a los propios habitantes del país? Si es así, ¿puedes contar alguna anécdota que te haya pasado relacionada con esto?
Totalmente. En Marruecos se cuida y protege más al turista que al local. Hay policía secreta por todas partes, especialmente en zonas turísticas. Recuerdo una tarde en Marrakech, en la zona del zoco, hubo una discusión entre un comerciante y un turista de habla inglesa. Aunque me lo puedo imaginar, no sé exactamente porqué empezó la trifulca pero, en un momento dado, el comerciante le dijo al turista, en un perfecto inglés: Fuck you! Como suele ocurrir en estos casos, de la nada aparecieron dos policías de paisano y se llevaron detenido al joven. Después supimos que había pasado dos noches en el calabozo por su atrevimiento. Mucho me temo que si la situación hubiera sido la contraria, ningún policía habría visto nada.

- ¿Qué piensas sobre la corrupción policial y el soborno? ¿Has vivido alguna situación en la que hayas tenido que sobornar, tú o algún amigo, a algún policía?
Es una de las grandes lacras del país ya que, el que se supone que tiene que velar por ti y protegerte, es el que te engaña y te estafa. Aunque queda mucho por hacer, afortunadamente cada vez se denuncian más este tipo de abusos (muchos de ellos con imágenes) y quiero creer que, aunque sólo sea porque no les pillen, más de uno empezará a pensárselo dos veces antes de abusar de su poder. Personalmente, por suerte, nunca he dado ni un solo dirham a la policía marroquí. Pero sí conozco casos, evidentemente, de amigos que han tenido que pagar al policía de turno por ir sin cinturón cuando en la moto de delante van 3 y en el coche de atrás van 7, por aparcar en un sitio en el que nadie ha pagado por aparcar, por haber sobrepasado unos límites de velocidad que el guardia, y no un radar, dice que has sobrepasado…


 - En Occidente hay una cierta visión, un tanto negativa, sobre la mujer en los países musulmanes ¿Cuál fue tu experiencia como mujer? ¿Te obligaron a ponerte cierta vestimenta? ¿Piensas que las mujeres musulmanas en Marruecos corren más peligro si salen solas? 
Si bien es cierto que nadie te obliga a nada, el sentido común te lleva a saber qué prendas son apropiadas y cuáles no. No creo que una musulmana corra más peligro que una no-musulmana; en Marruecos el acoso a la mujer en la calle es una evidencia y mucho me temo que ese tipo de hombres no entiende ni de religiones, ni de vestimentas, ni de respeto. No hacen distinción.

-¿Qué piensas sobre los derechos de los ricos y los pobres, según lo que viviste allí?
Hay dos Marruecos claramente diferenciados; el de los ricos y el de la mayoría. Ser marroquí y pobre en Marruecos no es nada fácil. Sin embargo, ser rico en Marruecos es, cuanto menos, maravilloso. Dictadura para uno y paraíso para otros.

-¿Fue una experiencia buena? ¿Volverías a ir? ¿Por qué?
Buena no, buenísima. Aprendí mucho, disfruté de lo lindo, comí de lujo, conocí gente maravillosa, aproveché el buen clima todo lo que pude y más… Aún no se cuándo pero sé que volveré para quedarme. Como titulé mi libro/recopilación de todos mis escritos sobre el país: “De Marruecos al cielo (Inchallah)”.