9 de junio de 2012

SÓLO ERES LIBRE CUANDO NO TIENES NADA QUE PERDER

¿Y a ti qué se te ha perdido en Marruecos? Esa es la pregunta que la gente suele hacer. He de reconocer que la respuesta no es fácil, pero todo podría resumirse con ‘el nivel de exigencia’. Cuando estás allí no te llegas a dar cuenta, pero cuando vuelves a casa es cuando realmente  aprendes la lección. Cuanto menos se necesita, más feliz se es.

Viajar a Marruecos supone no pensar en reservar alojamiento. Supone no planear prácticamente nada. Supone no comprar cosas que no necesitas. Supone pagar por los productos lo que realmente valen. Supone tener anécdotas e historias para aburrir. Supone volver a lo básico. Supone aprender a disfrutar con lo que hay, no con lo que se consigue con dinero. Supone vivir el día a día, de una forma humilde, pero no por eso menos digna.


En un país como Marruecos fluyen situaciones que en España no ocurren ni forzándolas. Mucho menos en Europa. Y sólo alguien que lo haya vivido entiende realmente lo que quiero decir.

Cada viaje hay miles de cosas nuevas que te llaman la atención, no importa las veces que hayas ido anteriormente. Unas para bien y otras para mal, claro. Pero de las malas ya hablaremos más tarde.

El respeto a la gente mayor y el cariño especial a los niños está siempre presente. La unidad familiar está por encima del dinero y de cualquier otro interés. Todo el mundo habla con todo el mundo, todo el mundo ríe con todo el mundo, todo el mundo discute con todo el mundo. Nadie habla de crisis. La gente es alegre, generosa y hospitalaria. Muy, muy, muy hospitalaria.


Desde este lado del estrecho puede parecer mosqueante que alguien que te acaba de conocer te invite a comer a su casa con toda su familia. Puede parecer sospechoso que te pidan que te quedes a dormir esa noche y todas las que vendrán después. 'Quédate un año'. Puede parecer sorprendente que te regalen algo que realmente necesitan. Pero es que ser generoso es eso; no dar de lo que te sobraPuede parecer inquietante que te invite a su boda el amigo de esa persona a la que acabas de conocer. Puede parecer raro que el dependiente de una tienda en la que no has comprado nada te invite a pasar a tomar el té. Pero en Marruecos pasa todos los días. Está claro que no te puedes fiar de todo el mundo, pero para eso tenemos el sentido común. Está claro que no hace falta hablar con cualquiera, pero cualquiera puede convertirse en alguien especial.

Marruecos es un lugar increíble, y su gente lo es más aún. Animo, de verdad, a todo el mundo a que se olvide de lo que le han contado, que ‘baje al moro’ - preferiblemente con alguien de allí - y que compruebe lo que hay. No pretendo que cambie la mentalidad de medio Occidente, sólo quiero que tanto del país como de su gente se tenga la imagen que realmente merecen. Nada más.

3 comentarios:

  1. Después del día de hoy y de todo lo que he vivido no puedo nada más que decir que estoy de acuerdo contigo al 100%. Por desgracia no he estado nunca en Marruecos pero sé que iré pronto (espero y deseo)y que será una experiencia innolvidable.

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  2. Creo que no lo podías resumir mejor Carlota. Exactamente lo mismo pienso que tú en todo. Te das cuenta lo feliz que puedes ser con menos y aprendes a ver cosas que en realidad son lujos en nuestro país. A pesar de la crisis, nadie se corta de ellos, también hay que decirlo. Nos gusta mucho quejarnos, pero poco prescindir de cosas. Tengo un post pendiente.
    Y lo de que para viajar por Marruecos no hace falta planear, no podría ser más verdad. Allí yo he sentí, por primera vez en mi vida que si tengo cualquier mínimo problema sólo tengo que preguntarle a alguien ayuda y podría confiar en que me alojaría en su casa o casa de algún familiar. Un lujo!!!!

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  3. Marruecos es increible igual que su gente y su cultura

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