Mostrando entradas con la etiqueta mujeres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mujeres. Mostrar todas las entradas

21 de mayo de 2017

DE TÚ A TÚ, NO COMO SIEMPRE

Hace unos días salimos a cenar por San Sebastián y, caminando por la calle, escuchamos cómo un joven de unos 30 años, que fumaba con otros 3 amigos en la puerta de un bar, decía: "Es que en cuanto tienes novia parece que todas las zorras tienen hambre". Y tanto él como el resto de la manada, confirmaban la elaborada conclusión. A cualquiera con un mínimo de dignidad, debería chirriarle semejante animalada. Pero, ¿qué pasa cuando intentas luchar contra estos comentarios? Que "odias a los hombres". Tú a ellos, no ellos a ti. ¿Por qué íbamos a odiar a quien nos respeta? No nos subestiméis tanto, anda. Que sabemos y valemos más de lo que os han contado. Os puedo asegurar que, al menos por mi parte, no es odio lo que siento. Es, principalmente, pena por saber que hay gente tan ignorante y analfabeta que cree que el mundo gira alrededor de su pene. Demasiado vacíos para ser tan jóvenes. Y, por otro lado, mucha rabia y mucho asco, por ver la normalidad con la que algunos dicen y escuchan ciertos comentarios que nos arrastran, nos cosifican y nos pisan. ¿A quién llama zorras exactamente? ¿A las que se quieren liar que él? Eso dice mucho a su favor. ¿A las que no se quieren liar con él? Menudo pieza.

No estoy descubriendo América si digo que el machismo está tan instaurado en mujeres como en hombres. Pero las que somos discriminadas, maltratadas, violadas y asesinadas por haber nacido mujeres, somos nosotras. Así que permitidnos que nos duela un poquito más el alma. No les odiamos a ellos, tampoco a ellas. Odiamos al sistema patriarcal que nos ha hecho creer que el machismo es el modo de vida a asumir. La mierda con la que tragar diariamente. Aunque duela, viole y mate. No os odiamos a vosotros, odiamos a la estructura que os ha convencido de que somos objetos de vuestra propiedad. Esa estructura que estamos deseando que salte por los aires.


No os odiamos, os necesitamos más que nunca. Por desgracia, una opinión vuestra como hombres, especialmente en ciertos ambientes, vale más que la nuestra. No porque tengáis más razón, sino porque la decís vosotros. Aprovechadla, usadla y difundidla. No eduques machotes, tampoco sumisas. No enseñes a levantar la voz, tampoco a bajar la cabeza. No seas cómplice de la desigualdad. Cuando estés en el bar con tus colegas y se hable de nosotras como meros objetos que proporcionan placer, ten narices de cortarlo. Cuando en vuestro grupo de WhatsApp se compartan fotos y vídeos de mujeres que no te gustaría que fueran ni tu hermana, ni tu hija, ni tu novia, páralo. No hay huevos. Es muy probable que cuestionen tu masculinidad (o lo que se entiende de ella) por rechazar ciertos contenidos, pero al menos tú sabes buscar esa palabra en el diccionario. Recuerda que las cadenas de chistes machistas terminan en ti. Sí, ya sé lo que estás pensando. No es fácil perder la aprobación de los demás. Pero mientras tú pierdes la aprobación, nosotras perdemos la dignidad y, por ende, la vida. Ya, ya. Ya sé que es muy difícil remar contracorriente y dejar de ser parte de la manada. (Bienvenido al club). Pero esas manadas son que luego nos acorralan, en fiestas y no fiestas, hasta que sólo quedan nuestros restos. Esos restos que, no lo olvides, pueden terminar siendo los de tu hermana, tu hija o tu novia.

Por eso, todas las jóvenes violadas, abusadas y torturadas, todas las mujeres maltratadas y asesinadas por aquellos que nunca aceptaron un no, además de todas las que seguimos vivas, te agradeceríamos que utilizaras tus privilegios, tu posición y tu palabra para luchar en una batalla en la que siempre perdemos las mismas. Te han dicho que te odiamos para que nuestra lucha (que es la de todos) te provoque desconfianza y rechazo. Para que no unamos fuerzas. Pero, como tantas otras cosas, es mentira. No queremos estar contra ti, queremos que estés con nosotras. De tú a tú, no como siempre. Por las que fueron, por las que somos y por las que serán.

17 de mayo de 2016

CÓMO VESTIR EN IRÁN Y NO PARECER UN SACO DE TRAPOS A LA DERIVA

Irán es una República Islámica que se rige por la sharia. Oseasé, por la ley islámica. Así que si vas a viajar a Irán y eres mujer has de saber que existe un código de vestimenta muy claro que se aplica tanto a iraníes como a extranjeras. No hay distinción. Da igual quién seas y la época del año en la que vayas. Tu indumentaria deberá cumplir principalmente tres condiciones básicas: pañuelo en la cabeza, manga por debajo del codo y culo siempre, siempre cubierto. Pero que no cunda el pánico. Hacer la mochila para viajar con estos requisitos no es tan grave como parece ni tan restrictivo como muchos cuentan....


¿Qué ropa me llevo entonces? ¡Te cuento!

Pañuelo en la cabeza:

Tienes que llevarlo sí o sí, no hay excusas. El primer día te resultará extraño hacerlo pero al segundo te sorprenderás a ti misma combinándolo frente al espejo y acostumbrándote a una prenda con la que nunca antes habías convivido. ¡Ha llegado el momento de darle una nueva utilidad a esas pasminas que tienes por casa! Eso sí, es muy importante que tengas en cuenta - tanto con esta prenda como con todas las demás - que una cosa es ir tapada y otra cosa es ir asada como un pollo. Si te pones en la cabeza a 35 grados el mismo pañuelo que te pones al cuello en pleno invierno burgalés, evidentemente, odiarás haber ido al país de los ayatolás. Pero con un pañuelo ligero no sólo no pasarás ni pizca de calor sino que te servirá para protegerte del incesante sol que ya luce desde hace días y apenas lo notarás. 


El velo en la cabeza en Irán se lleva de forma muy diferente a como se lleva en Marruecos, por ejemplo. Mientras que en el Magreb todas las mujeres que llevan hijab lo llevan ajustado a la cabeza, cubriendo totalmente su pelo, en Irán es prácticamente todo lo contrario. Por un lado están las mujeres que visten el mítico chador negro y por otro lado están todas las demás. Las chicas llevan el velo de cualquier manera, muy suelto y con más de media cabeza descubierta, aguantándolo lo más atrás posible con un moño/pinza, como echando un pulso a lo que para muchísimas de ellas es una pura imposición con la que, evidentemente, no les gusta tener que convivir. Alguna de ellas lo sujeta incluso detrás de las orejas. A veces, de hecho, vas por la calle y parece que estás viendo un concurso llamado "Cómo llevar un pañuelo en la cabeza cubriendo lo menos posible". Chicas que lo primero que hacen al llegar a casa es quitarse el velo, mujeres que en el avión no lo llevan y se lo tienen que poner nada más llegar, jóvenes con las que te encuentras en un ambiente más íntimo (como en un hotel) y son las primeras en echarte el pañuelo para atrás e incluso quitártelo, como diciendo: "no seáis más papistas que el Papa, jodidas".



Aunque es cierto que la mayoría de ellas suele llevar el pañuelos en tonos muy oscuros o tonos pastel, no hay ningún problema en utilizar cualquier color o cualquier estampado. Y si se te cae, no pasa nada. Te lo vuelves a poner y ya está. No hay nadie esperando ese segundo y medio que estás sin pañuelo para echarte la bronca por semejante atrevimiento. De hecho, las veces en las que hemos perdido el pañuelo mientras hablábamos con iraníes no sólo no nos han dicho ni sino que se han reído (¡y de qué manera!) ante nuestro tremendo sobresalto. "¡¡¡Uy, que se me ha caído el pañuelo!!!" Si para muchas de ellas el outfit diario ya es un disfraz que les obligan a llevar, imaginad lo que deben pensar al ver a mujeres de fuera metiéndose voluntariamente en ese berenjenal.

Culo cubierto:

Indispensable. Vestidos, camisetas largas sueltas, camisolas, guardapolvos... Lisos, estampados. Discretos, llamativos. Todo vale con tal de que no marques tus curvas, con tal de que no se intuya la forma de tu culo. 


Manga por debajo del codo:

El tercer requisito indispensable. La inmensa mayoría de las mujeres lleva manga larga pero con una manga 3/4 no tendrás tampoco ningún problema. Aunque en un principio pudiera parecer que el pañuelo en la cabeza es lo más incómodo de la indumentaria iraní, para nosotras la manga larga ha sido, sin duda, lo más molesto ya que apenas tenemos cosas en el armario de manga larga que no abriguen y el calor en Irán a estas alturas del año aprieta ya bastante, tanto de día como de noche.

Pantalones:

Antes de viajar a Irán leímos en varias páginas que era prácticamente obligatorio llevar pantalones anchos, bien sueltos, y nada más lejos de la realidad. Si ni ellas mismas lo llevan así, no seamos nosotros más puritanos que ellos. Si llevas el culo bien cubierto da exactamente igual lo que lleves debajo. Pantalones anchos, pitillos, leggings, vaqueros... Lisos, estampados. Sueltos, ajustados. No importa. Lo único que no debes marcar es el cucu.


Calzado:

El que quieras. Tacones, zapatillas, sandalias, botas, chanclas, zapatos... No hay normas.

Maquillaje:

Puedes maquillarte todo lo que quieras y más, jamás alcanzarás su nivel de maqueo. Labios rojos, kilos de pote, rimmel a mansalva, colorete por doquier, cejas tatuadas/pintadas... Y no sólo eso sino que Irán - para sorpresa de muchos - es el país del mundo con más operaciones de rinoplastia. Es muy habitual ver a chicas por la calle con la típica tira blanca en la nariz tras una operación de cirugía estética. De hecho, cada vez hay más hombres que se apuntan a esta moda que para muchos roza ya el nivel de obsesión. Así que si te preocupaba llamar la atención con tu maquillaje... no hay de qué preocuparse. Estás más que a salvo en este mar de cosméticos al que algunos llaman Irán.

21 de agosto de 2014

SALIR DE CASA Y QUE NINGÚN IMBÉCIL ME DIGA NADA

Esa es la esperanza no sólo de la mayoría de jóvenes marroquíes, sino de muchas chicas extranjeras cuando viven en Marruecos. Poder salir a la calle y que no haya ninguna mosca cojonera haciéndote sentir incómoda.

No hace falta decir que soy una amante incondicional del país y, precisamente por eso, espero y deseo con toda mi alma que este tipo de comportamientos primitivos – atípicos hasta en los documentales de animales - con ayuda de todos y de todas vayan siendo cada vez menos habituales. Son sólo una minoría los que con sus miradas, sus actitudes, sus comentarios y sus gestos llegan a intimidar. Pero son, sin duda, los responsables de la mala fama de los marroquíes. Son pocos, pero pesan demasiado.


Como comenté hace tiempo, ya estoy acostumbrada a que la gente me mire por la calle cuando estoy en Marruecos. Soy diferente y me parece natural y normal que se me mire, por eso no me molesta. Pero una cosa es mirar y otra es ofender mirando. Una cosa es decir un piropo y otra cosa es conseguir que la chica se sienta agredida con tus palabras.

‘Os acosan porque vais provocando’. Justificación típica de muchos y, tristemente, de muchas. Es cierto que más de una extranjera debería saber mejor a dónde va para adecuar su indumentaria y su actitud al país que la acoge, pero puedo prometer y prometo que no son ellas las únicas que sufren el acoso. Ya puedes ir con unos vaqueros normales, una sudadera negra y unas zapatillas, que el pedante de turno te dirá algo igual. De hecho, ya puedes ir con una chilaba, que habrá algún idiota que te incordie. Y no solo eso, ya puedes salir del hammam con el pantalón empapado, la toalla al cuello, el pelo calado y el kohl manchándote la cara de negro que habrá algún plasta llamándote gua-pa con un tono de todo menos provocativo.


Son las 11 de la mañana y salgo de mi casa para comprar comida, ¿por qué, después de seguirme con la mirada, tienes que susurrarme algo al oído? Estoy con unas amigas tomándome un café, ¿por qué no puedo tomármelo en paz? Estoy dando un paseo por la medina, ¿por qué tengo que andar más rápido para esquivarte? Malak? Vengo de la academia y quiero cenar tranquila, ¿por qué tienes que hacerme el mismo ruidito que le hacen los pastores a las ovejas? Salgo de trabajar y vuelvo a mi casa a descansar, ¿por qué tienes que andar junto a mí? Está medio tren vacío, ¿por qué te tienes que sentar a mi lado? Maldita sea. No estoy haciendo nada, no estoy diciendo nada… ¿Por qué no puedo estar en paz? Baraka, joder. Baraka.

Siempre he dicho que una de las razones principales por las que me gusta la vida en Marruecos es por la continua acción-reacción, la permanente conversación, la diaria interacción. Me encanta ser parte de ello, hablar, dialogar, reír, preguntar, responder, interactuar… Pero algunos consiguen que esa alegría, esa amabilidad y esas ganas de formar parte del país desaparezcan de un plumazo. Ante ciertas situaciones es imposible no poner una mala cara, hacer un mal gesto o soltar un insulto más que justificado. Y es entonces cuando tienes que aguantar que el muy payaso te llame racista. Algo tan recurrente como lamentable; el victimismo barato. Esta chica ni hace lo que yo quiero que haga ni sonríe ante mi acoso porque es una racista y cree que soy un moro de mierda. No, hijo, no. No es que sea racista es que tú eres un gilipollas. Un gilipollas muy pesado, por cierto.


La inmensa mayoría de estos quema-sangre, encima, no hacen otra cosa que molestar. Por mi experiencia, el 95% de las agresiones son únicamente verbales. Se mira hasta perturbar, pero no se toca. Ni te van a robar, ni van a abusar de ti, ni te van a hacer nada. Sólo están para incordiar, para tocar la moral, para hacerte sentir incómoda un buen rato, para desquiciarte. Por eso hay días que terminamos perdiendo los nervios, porque no entendemos qué gracia tiene el insistir por insistir, el hartar por hartar, el fastidiar por fastidiar. 

Alhamdulillah el país está cambiando mucho y cada vez son más los marroquíes – tanto hombres como mujeres - que ante este tipo de situaciones denuncian y plantan cara a unos individuos despreciables, con unos comportamientos más que inaceptables. Comportamientos que irremediablemente se ven acentuados después del mes de Ramadán. Y es que algunos están todo un mes purificándose (o, mejor dicho, haciendo como que se purifican), para después pasarse el resto del año haciendo todas esas cosas que su religión no les permite hacer. El Islam ellos sólo lo llevan a rajatabla cuando conviene, cuando no... no. Pero luego son los primeros en hacerse llamar musulmanes. Los mismos "musulmanes" valientes que cuando te ven con compañía masculina no solo no te dicen ni sino que van con la cabeza baja.

¿Es esto motivo suficiente para dejar de visitar Marruecos? No, ni de coña. Bajo ningún concepto. En ningún caso. Marruecos es un país increíble con muchísimas cosas que ofrecer pero es cierto que cuestiones tan delicadas como el acoso a la mujer (sólo por el hecho de ser mujer), aunque son muchísimo menos habituales y graves que en otros países como Egipto, siguen estando presentes gracias a una minoría asquerosa, detestable y repulsiva. Sólo queremos salir a la calle y que ningún imbécil nos diga nada… ¿tan difícil es? 

25 de junio de 2014

RESPUESTAS IRÓNICAS A PREGUNTAS ESTÚPIDAS

Wadi N-Daghestani es una joven española y musulmana, residente en un país árabe, que harta de las preguntas estúpidas de los más ignorantes y de los prejuicios de los menos tolerantes quiere compartir con nosotros - desde la mayor de las ironías - la realidad de tantas mujeres que antes de ser musulmanas, son mujeres.


"Respuestas nada irónicas que se me ocurren a preguntas estúpidas que tanto se me han repetido a lo largo de mi vida sólo por ser musulmana:

- Si, soy musulmana. No, mora no. No, no es lo mismo. Que no, que mis padres son árabes. Árabes, árabes. Si, de por allá a tomar por saco, ¿Osama bin Laden? Pues por ahí.

- No, no soy inmigrante. Si, nací aquí. En España. Ya, ya, por eso no me notas acento.

- No, qué voy a estudiar yo... Me casaron con quince años. Mi padre era un extremista islámico.

- Hombre, muy ignorante no soy. Sé leer y escribir.

- No, no tengo pelo debajo de mi pañuelo. Por eso me tapo la cabeza, porque soy calva. Todas las mujeres musulmanas nacemos sin pelo por ley islámica.

- Sí, me tapo de mi marido. Y de mi padre. Y de mis hijos, mis tíos, mis hermanos y de la madre que los parió a todos ellos. Es que soy muy practicante.


- Claro que me ducho con el pañuelo en la cabeza. Y no me lo quito por nunca jamás, por eso nunca he tenido piojos.

- Sí, suelo ir a la playa con bikini y velo. Y voy marcando tendencias, oye...

- No, mis padres no me escogieron pretendiente ni me vendieron por un camello. La negociación empezó a partir de cuatro y un burro...

- No, mi marido no se va a casar con otra por ser musulmán. Se va a casar con cuatro. Es que es muy mujeriego... pero me ha dicho que yo soy su favorita. Y eso me hace tan feliz...

- Hombre, mi marido, pegarme lo que es pegarme, no. Como mucho un par de hostias al día, oye. Pero cuida que yo no soy ninguna santa, ¿eh?.

- No, no bebo alcohol ni como cerdo. Sí, sí, ya sé que no sé lo que me pierdo. Algún día lo superaré. Deja de regocijarte en mi miseria, capullo.


- Claro que no puedo bajar a la calle sola, ni pasear, ni salir con amigas, ni leer, ni realizarme, ni tener vida social, ni hablar con extraños, ni ir al cine, ni estudiar, ni divertirme, ni viajar... qué carajo. Eso es pecado en mi religión.

- Soñar y pintarse las uñas de los pies también está prohibido.

- Sí, mi marido me encierra con llave en casa todos los días. Sigue la tradición de lo que mi padre hacía con mi madre. Es muy protector y celoso. No tengo vida más allá de él, ni la quiero. Él es mi mundo y yo estoy a sus pies...

- Nunca le llevo la contraria a ningún hombre musulmán, ¿estás loco? Podría acabar lapidada.

- ¿Trabajar fuera de casa? No, hombre, no... El lugar de la mujer está en la cocina.

- En mi religión, los hombres mandan de toda la vida de Dios. Ellos son superiores por decreto divino y saben más, mucho más, a dónde vamos a parar. Dios los hizo amos del universo y mucho más inteligentes. Tienen más derechos que nosotras, pero porque nosotras somos el sexo débil. Se lo debemos todo a ellos. Nos obligan a taparnos, nos someten día y noche y toman todas las decisiones en nuestras vidas... Además, todo eso lo hacen por nuestro bien.


- No, no soy sumisa. Yo decido qué voy a cocinar todos los días.

- Mi vecino también se deja barba, y reza cinco veces al día. Es un radical islamista. De Al-Qaeda o ISIS, por lo menos.

- Hombre, las bombas al cuerpo me las pongo sólo en ocasiones especiales. El resto del tiempo, suelo ser muy normal.

- Claro que sí. Según la yihad islámica, matar a inocentes es justificable. Y cuanto más inocentes, más niños, más mujeres y más yankis, mejor. Ese el espíritu del Islam.

- No, en Ramadán ni como ni bebo desde el alba hasta la puesta del sol. Yo tampoco entiendo cómo sigo viva. Mil gracias por preocuparte por mi salud, y que la resaca te sea leve.

(...)


Que hay retrógados y musulmachos en las sociedades árabes, es evidente. Por desgracia, la in-cultura patriarcal está en todas partes. No quiero hablar del terrorismo machista eurocentrista y sus víctimas en los países occidentales, ni de porcentajes de "afectadas" aquí y allá... Me parece cínico hablar de cifras. Parto de la base de que si tocan a una, nos tocan a todas. Sin embargo, éste no es el tema a tratar ahora, ni estoy aquí para atacar a nadie. Escribo esto para defender nuestra integridad como mujeres musulmanas, prostituida hasta el asfixio y expropiada de su realidad. Una realidad que nos pertenece a nosotras, no a la CNN, la BBC, pelis made in Hollywood o series rodadas en Ceuta con un alto contenido en islamofobia.

Que hay mujeres sometidas, ignorantes y oprimidas en el mundo árabe es evidente. En realidad, por desgracia, las hay también en todas partes. La sutil diferencia es que en todas las sociedades del mundo este horror se asocia a personalidades con trastornos de inseguridad, de ciertas clases sociales, que no han tenido acceso a una educación que promueva su emancipación, o que han vivido en el seno de familias y sociedades de estructura patriarcal. En definitiva, a la falta de medios y de cultura.


En todas las sociedades, se asume la des-educación como el motivo principal de la sumisión de las mujeres. En todas, menos en los países árabes... donde "desde aquí" "se asume" que la opresión "se asocia" al Islam. ¿A qué estamos jugando? Desprestigiar sin base y catalogar con ignorancia acaba teniendo un precio que pagamos todos. También aquí, cuando se acaban radicalizando personas que han sido fruto de la marginación o la exclusión social por pertenecer a un colectivo determinado. Para nada justifico los extremismos, hay que combatirlos de forma tajante; pero es cierto que alimentarlos con odio no es precisamente la manera más inteligente de tratar con ellos. Y darles un clavo ardiente a lo que agarrarse para que se incendien, tampoco.

Si además se fomenta la islamofobia a base de estereotipos insanos, falsos desde su raíz, y un despotismo enfermo de ceguera moral, no esperemos cosechar nada bueno. Si no aparcamos los prejuicios y construimos en lugar de destruir y fomentar el odio, nos espera un futuro incierto y para nada esperanzador. Si leyéramos más, contrastáramos más la información y la sometiéramos a un filtro de autocrítica antes de difundirla o simplemente creérnosla, no viviríamos en sociedades tan alienadas y estereotipadas. Porque la ignorancia no tiene fronteras. Y los prejuicios, tampoco. Hoy nosotras tomamos la palabra... que bastante hemos callado ya."