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14 de marzo de 2015

¿ES PELIGROSO EL PINTALABIOS MÁGICO MARROQUÍ?

Si eres de los que ha leído la alarmista noticia de que al pintalabios mágico marroquí lo carga el mismísimo diablo, te aconsejo que leas esto:

http://www.lamarea.com/2015/03/14/los-12-quimicos-mas-peligrosos-en-los-cosmeticos/

Y ahora repite contigo. "No voy a usar más el pintalabios mágico marroquí porque las grandes marcas dicen que es malo. Eso sí, el jabón, el champú, la pasta de dientes, la espuma para el pelo, el desodorante, el gel, la vaselina, el maquillaje, el desmaquillante, los productos para las uñas, la gomina, el perfume... que no están hechos a base de ningún componente de procedencia animal o vegetal y que incorporan - sin exagerar - miles de productos químicos, siendo 12 de ellos más peligrosos del mundo, los seguiré usando. ¿Por qué no?"



¿Con qué cara vamos a exigir que no se nos manipule si cada día demostramos con nuestro insultante borreguismo que nos encanta que lo hagan? Joder, que parece que nacimos ayer...

Coherencia llamando a Tierra. Maldita sea, ¿ME RECIBE ALGUIEN?

PD_ Si no se puede llamar "marroquí" a un producto en el que su única pegatina indica bien claro que es "Made in Taiwan" supongo que tampoco podemos seguir diciendo que, yo que sé, Zara es español o Nike es americano.. ¿no?

PD2_ Por mi salud mental, espero que realmente nadie se haya creído que el pintalabios funciona por arte de magia...

13 de diciembre de 2014

ENTRE IGNORANTES ANDA EL JUEGO

Me acuerdo muchas veces de aquella tarde. Volvía a España para trabajar como ingeniera después de mi estancia en Rabat. Volvía a mi país después de haber vivido la mejor experiencia de mi vida. No dejé de llorar desde que me marché de la casa en la que había residido con una familia marroquí. Recordaba todo lo vivido, toda la gente que había conocido, todo lo que había aprendido... y sólo podía hacerlo entre lágrimas.  Lágrimas de pura alegría. Lágrimas de pura tristeza. Tocaba cerrar esa etapa para empezar una nueva y nada más llegar al aeropuerto de Barajas, en Madrid, toda esa emoción que llevaba acumulada se manifestó rápido en forma de rabia...

Una  vez que los pasajeros ya teníamos nuestras maletas nos dirigíamos casi en fila india, como suele ocurrir en estos casos, hacia la salida. La inmensa mayoría eran marroquíes y, aunque aún no sé muy bien de dónde salieron, venían también dos mujeres que trabajan en el aeropuerto. No tenían pinta de ser azafatas pero iban trajeadas. Recuerdo que una de ellas me llamó especialmente la atención por la (asquerosa) manera que tenía de mascar el chicle. No dejaban de cuchichear entre ellas y de mirar a los pasajeros por encima del hombro, con esa actitud chulesca que sólo lo más ignorantes saben tener.


Después de un paseíto les perdí la pista y, cuando me disponía a entrar con mi mochila y mi maleta en uno de esos ascensores inmensos del aeropuerto, allí estaban ellas. Mascando chicle y sin parar de cuchichear. Entré, junto con otra pareja, y detrás mío venía una joven marroquí de unos 35 años, sola con sus maletas y su temido hijab. Yo estaba dentro, de cara a la puerta, y a las señoritas las tenía detrás. A mi izquierda. La chica magrebí se dispuso a entrar y la rubia teñida mascachicles, ante el atrevimiento de la joven de querer compartir un ascensor con una occidental de su categoría, dijo: 'No, esta no cabe.' Así, a bocajarro. Literal. 'Esta no cabe.' Salí de repente de la nube en la que me encontraba, recordando momentos inolvidables en Marruecos, y no pude evitar girarme. Sólo me salió decir: '¿Por qué no cabe? ¿Porque lleva un pañuelo?'. La mujer, acostumbrada a ladrar sin que nadie le recrimine nada, se quedó sorprendida y dijo: 'No, bueno... es que no queda mucho sitio...' Sin decir nada más, me hice a un lado y la joven marroquí entró en el ascensor - sin ningún problema de espacio - agachando la cabeza y sin decir ni mú. Aburrida ya, supongo, de escuchar barbaridades similares.

Pocos minutos antes la había visto en el avión, hablando entre risas - en perfecto español - con una pareja que iba sentada a su lado. Y toda esa emoción que llevaba yo encima se transformó rabia al escuchar semejante frase. Rabia por ver que a una joven se la trata mal por querer entrar en un ascensor. Rabia por saber que aquella chica entendía el idioma y tuvo que escuchar lo que la mascachicles quiso decir. Rabia porque no sólo no se vio con fuerzas para decir nada sino que agachó la cabeza y se quedó parada, como la rubia quería. Rabia porque si, con razón, la joven estalla y contesta mal, no le habría faltado tiempo a más de una para llamarle maleducada. Aparte de recalcar, claro, que "es que esta gente no se integra".


Pocos meses después, una mañana de sábado, me encontraba en Barbastro, el pueblo de Huesca en el que vivo. Una mujer de unos 60 años iba cargadísima con las bolsas de la compra y cuando se disponía a cruzar por el paso de cebra las bolsas cedieron y toda su compra acabó en el suelo. Un marroquí de unos 40 años se encontraba a su lado e, instintivamente, se agachó para ayudar a la mujer a recoger todo aquello. La señora, en cuanto lo vio, le apartó con las manos mientras repetía: 'Quita, quita.' No vaya a ser que le pegue algo. El hombre, con más cara de asombro que de otra cosa, se levantó y siguió su camino. Como si allí no hubiera pasado nada. Aburrido ya, supongo, de vivir situaciones similares. ¿Qué hubiera pasado si, con razón, le hubiera dicho a la mujer: 'Ale, ahora lo recoge usted sola, ignorante.'? Una vez más, mal educado, machista y moro de mierda hubieran sido los mejores calificativos que hubiera tenido que aguantar.

¿Qué ha hecho esa chica para tener que sentirse despreciada por querer entrar con maletas en un ascensor? ¿Por qué el hombre, sólo por haber nacido donde ha nacido, tiene que aguantar que se le trate como a un apestado? ¿Por qué algunos, en pleno siglo XXI, todavía se creen que la tierra que pisan y el aire que respiran les pertenece? ¿Cómo nos sentiríamos si fuéramos a entrar en un ascensor en Alemania, Finlandia o Noruega y alguien de allí nos dijera: 'Uy, no. Los españoles aquí no caben'? ¿O si en Holanda, Inglaterra o Australia fuéramos a ayudar a una mujer mayor y nos apartara de mala manera diciendo: 'Quita, quita, que eres español'? ¿Por qué si cuando nosotros vamos a otro país no queremos que, ni por asomo, se nos relacione con miles de violadores, pederastas, asesinos, terroristas y ladrones que han nacido en nuestro país pero somos los primeros en despreciar a otros sólo por ser de dónde son? ¿Por qué nos creemos con el derecho a jugar a ser Dios?

19 de octubre de 2014

¿SABÍAS QUE UN MARROQUÍ AUTÉNTICO...?

- Responde siempre con una pregunta. ¿Dónde vas? ¿Y a ti qué te pasa? ¿Dónde estabas? ¿Y por qué lo quieres saber?
- Dice 'Hola, ¿cómo estás?' de 20 maneras diferentes en una sola frase.
- Cuenta el dinero en francos o reales, aunque ninguna de ellas sea la moneda que se utiliza en el país.
- Entra en pánico cuando está viendo una película con sus familiares y se acerca una escena en la que se van a besar.
- Nunca va al psicólogo, para eso tienen a los taxistas.
- Da las luces a otros conductores para avisarles de que hay un radar cerca.


Un verdadero marroquí...

- Llama Danone a todos los yogures y clínex a todos los pañuelos.
- Utiliza tres idiomas cuando habla. Salam, ça va?... mshiti, yallah, bye bye.
- ¡Mantén la calma porque a nosotros nos da igual!
- Besa a todos y cada uno de los asistentes a la fiesta.
- Comprueba la bombona de butano - si hay fugas de gas - con un mechero.
- Llama Simohammed a cualquier hombre que no conoce.
- ¡No malgastes tu tiempo o el tiempo te desgastará a ti!
- Propone 'periodos de tiempo' para quedar, nunca da una hora exacta.


Y es que un verdadero marroquí...

- Puede dar y tomar prestado cualquier cosa de sus vecinos.
- Va a la farmacia antes que al médico.
- Tiene una marca 'Made in Morocco'. La encontrarás en su brazo izquierdo... ¡la cicatriz de la vacuna!
- Le compra a sus hijos ropa grande "para cuando crezca".
- Se siente agradecido con aquel conductor que le deja pasar por un paso de cebra.
- Para el coche tres metros después del semáforo para asegurarse que será el primero en salir.



Además, dicen que un verdadero marroquí es el que admite que todas estas cosas son ciertas :)

Y como los domingos son para tomárselos con humor...

En español:
- Te quiero.
- Yo también.

En inglés:
- I love you.
- Me too.

En francés:
- Je t'aime.
- Moi aussi.

En dariya marroquí:
- Kanbghik.
- Kdaab. (Mentiroso)


NOTA: Imágenes del grupo 'Keep calm & Visit Morocco'.

15 de octubre de 2014

CÓMO RECONOCER A LEGUAS A UN MARROQUÍ POR SUS GESTOS

No hace falta que hablen. A la inmensa mayoría de los marroquíes les basta con que se muevan un poco para poder ser reconocidos. Creo que no es necesario decir que, por norma general, son tremendamente expresivos, por cultura tienden mucho al acercamiento y al contacto físico y, para comunicarse, utilizan multitud de gestos que van más allá del puro lenguaje verbal. Ahí van unos cuántos:

1. A la hora de saludarse, tras el habitual apretón de manos, se llevan la mano al pecho inconscientemente – al corazón más concretamente – en señal de respeto. Un acto reflejo que, dicho sea de paso, me flipa. Tanto que me dan ganas de abrazarles a todos.

2. Cuando piden perdón (smeheli) y quieren hacer ver que lo dicen de verdad se llevan nuevamente la mano derecha al corazón.

3. En Marruecos se recurre muy a menudo a la palabra hchouma para referirse a algo que da vergüenza. Para expresarlo, se pasan el dedo índice por la mejilla – por la misma zona en la que a otros nos salen los colores – mostrando así su desacuerdo con lo que está ocurriendo (bien porque sea injusto, porque sea vergonzoso…)


4. A las mujeres es más difícil reconocerlas así, pero a los hombres... Por sus andares, moreno. Una prueba infalible. Dime cómo andas y te diré si eres marroquí. No sabría bien cómo describirla con palabras, sólo sé que los que la conocemos la reconocemos de inmediato.

5. Cuando quieren hacer entender al interlocutor que le han visto hacer algo que no les ha gustado y que debe tener cuidado la próxima vez, se dan varios golpecitos en el lóbulo de la oreja, desde atrás hacia fuera. ¿Sabes cuando en España decimos ‘Cuidadín, ¿eh?’. Pues igual.

6. A la hora de pedir algo por favor, cuando las palabras se quedan cortas, se dan pequeños golpecitos en la boca, con la palma abierta y la boca cerrada, para dar a entender que están pidiendo algo encarecidamente. Te lo ruego, te lo suplico. 3affak. Y para dar más penita aún – gesto bastante repetido entre los niños que piden en la calle – mientras se tocan la boca, ladean un poquito la cabeza. S'il vous plaît, madame.

7. Cuando alguien habla de Dios, todo el mundo árabe en general realiza el mismo gesto. Se mira al cielo levantando los dos dedos índices.

8. Es muy habitual ver a jóvenes y mayores dar besos en la frente; a las madres y a las chicas especiales.


9. Con la mano colocada como si fueran a poner una bombilla, hacen un giro de algo más de media vuelta para expresar que no entienden algo, que necesitan una explicación. ¿El qué? ¿Qué pasa? ¿Qué quieres? ¿Qué dices? ¿Cómo? ¿Que qué? Malek? Shnu? Fin? Kifesh?

10. Cuando quieren dar a entender que alguien está loco, colocan la mano de la misma forma que antes, pero elevando el codo a la altura del hombro. La giran en varias ocasiones para expresar que determinada persona es tonta, no está bien de la cabeza, se ha vuelto loca, no sabe ni lo que dice… Hama9 para él, ham9a para ella.
  
11. Para decir poco a poco o poquito colocan la mano de una forma muy concreta. Con la palma hacia arriba, juntan los dedos y hacen un movimiento circular con la misma. Chouia chouia.

12. Por el contrario, para decir mucho utilizan el dedo pulgar. Lo colocan por debajo de la barbilla y lo mueven en repetidas ocasiones, de dentro hacia fuera. Mucha gente, está lleno, muchos coches, hay muchos… Bzzaf, bzzaf.


13. El mismo gesto repetitivo que haríamos para representar con la mano el parpadeo de una luz, es el que utilizan para decir ‘qué bonito’, ‘qué guapa’, ‘qué bueno’.

14. Especialmente los chicos jóvenes esperan en la calle de una forma muy peculiar. O bien se apoyan en una pared sólo con el hombro, cruzando los pies, o bien apoyan la planta de un pie y la espalda en la pared, con la cadera en una posición muy característica, mientras miran todo lo que pasa en la calle, sin perderse ningún detalle. Y... ¿qué me decís de esos hombres - tan masculinos ellos - sentados con las piernas cruzadas como una perfecta señorita?

15. A la hora de aplaudir cuando hay música sonando, los marroquíes no aplauden como nosotros. Lo hacen colocando las manos de la misma forma que las colocan los cristianos para rezar. Rectas, juntas, simétricas.
                                                                                        
16. Un gesto que llama mucho la atención al visitante es el de que dos hombres vayan por la calle cogidos de la mano. Lejos de tener relación con la inclinación sexual de cada uno, los marroquíes se dan la mano - o se cogen de los hombros - en señal de confianza.


17. Mi gesto preferido, sin lugar a dudas. Uno de los primeros que me llamó la atención y que creo que deberíamos adoptar YA MISMO por lo maravilloso que es. Un gesto que se suele hacer en situaciones de confianza, entre amigos, pero que surge sin problemas cuando las dos personas no se conocen demasiado. Cuando una persona dice algo gracioso, divertido, ocurrente… ofrece su mano – como la ofrecería para pedir dinero – para que la otra persona se la choque, como aceptando, agradeciendo o valorando lo que ha escuchado. Un choque relativamente suave, no como el clásico 'Choca esos cinco'. Un gesto simple y natural que expresa tal nivel de colegueo, complicidad y empatía, que yo no puedo evitar sonreír cada vez que lo presencio.

18. Aunque sé que no es puramente un gesto, no puedo pasar sin comentarlo. Sabes que alguien es marroquí cuando, al teléfono, repite infinidad de veces eso de ¿Aló? para confirmar que hay alguien al otro lado. No sé porqué extraña razón en Marruecos parece que las comunicaciones telefónicas se cortan más a menudo de lo normal y, aunque haga rato que no se escucha absolutamente nada (ni voz ni sonido alguno), todos siguen esa ley marroquí no escrita que dice que hay que repetir al menos 58746985314 veces eso de ¿Aló? - apretándose cada vez más el móvil contra la oreja - antes de dar el grandísimo paso de colgar y volver a llamar. ¿Aló? ¿Aló? ¿Aló? ¿Aló? ¡Aló!


Como extranjero... ¿qué otros gestos te llaman la atención en Marruecos? Como marroquí... ¿qué otras formas de expresarte sin palabras utilizas? 

17 de agosto de 2014

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Tienes hasta el próximo 31 de Agosto de 2014 a las 14.00h para participar. Sorteo sólo válido para España. 

¿Fácil, no? Así se las ponían a Fernando VII, así que no tenéis excusa. ¡Ah, y no me seáis fulleros, que se comprobará que habéis cumplido los tres pasos! ¡Suerte, pichonas!


Actualización: 
La ganadora del sorteo ha sido NATALIA PONSATÍ. ¡Enhorabuena y gracias a todas por participar!