13 de diciembre de 2013

FUERA DE CASA NO ERES TAN ATRACTIVO COMO CREES

Mientras que en Occidente el estar en los huesos y morena parece que se ha convertido en el canon de belleza por excelencia, en países como Marruecos ese perfil dista mucho de ser el más deseado.

En el país vecino, como ya he contado varias veces, hay un sin fin de rituales en torno a la comida. Son innumerables las veces que los marroquís comen a lo largo de un día y, mientras que a los hombres les acompaña una genética envidiable digna de ser estudiada, analizada y examinada , las mujeres suelen tener bastantes problemas de obesidad. A ellas se les nota bastante más ese non-stop, pero tanto los hombres como las mujeres comen una barbaridad y, cuando convives con ellos, de repente todos se convierten en tu abuela y se desviven para que comas tanto o más que ellos. Y aunque, por desgracia, entre los jóvenes cada vez está cogiendo más fuerza el canon de belleza occidental, normalmente las mujeres delgadas pero con curvas, con culo, con pecho y con caderas, les resultan mucho más atractivas, más sensuales, más femeninas. Más sanas.


Cuando rechazas comida te intentan hacer ver que estar delgada no es saludable, que tienes que comer, que te vas a poner enferma y que estar tan seca no te sienta bien. En definitiva, ¡que dónde vas con una talla 38!

Lo mismo ocurre con el color de piel. Mientras que en Occidente el estar tostadísimo, incluso en pleno invierno a menos siete grados, es ya la obsesión y enfermedad de muchos, en otros países se busca precisamente lo contrario. Es cierto que las mujeres en Marruecos no suelen llevar maquillaje más allá de köhl para los ojos, pero las que lo hacen utilizan base blanca para disimular que son morenas. Todo tan coherente como en Occidente. Lo peor es que algunas están igual de zumbadas que otras europeas y, especialmente en las bodas, parecen haber metido la cara en un saco de harina con arsénico y son auténticas muñecas de porcelana. ¡Con lo guapas que están muchas con la cara lavada y recién peiná, recién peiná, recién peiná!



Siempre he dicho que los hombres y las mujeres más impresionantes que he visto en mi vida los he visto precisamente en Marruecos. Y de los niños y niñas ya mejor ni hablamos. Esas mujeres con un color de piel envidiable, unos ojazos negros o verdes enormes que quitan el sentío, una boca preciosa, unos rasgos increíbles… pero obsesionadas y empeñadas en untarse la cara con polvo blanco para quedar, con ánimo de ofender, hechas un cuadro. Supongo que, de alguna manera, relacionan el ser blanco con ser rico y con ser europeo, y pierden el norte al llevar esa ida al extremo.

Recuerdo como, especialmente en verano, me quejaba de lo feo que quedaba en las fotos mi color de piel al lado de tanto morenazo. Y ellos, mientras señalaban su piel, se quejaban precisamente de lo mismo. ‘Blanco bueno, negro no bueno.’


Y con el pelo más de lo mismo; mujeres con un pelazo largo negro brillante completamente locas con mi color de pelo por ser igual que el de Lalla Salma, la mujer del rey de Marruecos.

Parece evidente que nunca llueve a gusto de todos y, mientras los cánones de belleza varían mucho de un lugar a otro, el desear y envidiar siempre lo que no tenemos parece un sentimiento bastante común a ambos lados del estrecho.

4 de diciembre de 2013

EL FRACASO Y EL ORGULLO NOS HAN CASTIGADO



"Lo que sucede es que las imágenes de los pobres de Europa no nos llegan a África. No creas a ninguno de los paisanos que regresan con traje y ropa bonita diciendo que en España les va muy bien. No tengáis envidia a nadie porque lo que te cuentan es diferente de la realidad. Assane, por favor, ni vendas tu negocio ni hagas locuras como subirte a una patera para venir a Europa. Porque luego te puedes arrepentir y la cosa ya estará hecha y será tarde para dar marcha atrás. Sé que muchos quieren regresar pero gastaron todo lo que tenían por el precio de este viaje. La decepción no les ha dejado otra opción que quedarse y enfrentarse con lo que hay. Pero la vida está en África, el futuro es África. No escuches a los que te dicen que allí no se puede conseguir nada. Aunque quizás tienen razón, porque la fuerza la estamos gastando aquí..." - Mamadou Dia, autor del libro '3052, persiguiendo un sueño.'

2 de diciembre de 2013

CÓMO SER PROFESOR Y NO MORIR EN EL INTENTO

Puestos a contar intimidades he de confesar que, aparte de la Educación Física (que nunca fue mi fuerte), en el colegio siempre tuve relativa facilidad para aprobar con nota la mayoría de las asignaturas. Mis preferidas eran siempre las de números, aunque sacaba más puntuación en las de letras. Por una razón muy clara; asimilar y procesar conceptos es muchísimo más complicado que aprenderlos y vomitarlos. En ese momento no sabía muy bien porqué, pero consideraba que aquellas asignaturas técnicas resultaban más útiles, más aplicables, más directas. Más prácticas, al fin y al cabo. Antes lo intuía, pero no lo sabía. Ahora ya lo sé y con toda certeza.

La educación es la ingeniería más complicada (‘qué mentira, es la aeronáutica’) y como tal ha terminado llamándome la atención. Algunas personas crecen con una vocación muy bien definida y en otros casos, como el mío, ésta ha aparecido o ha despertado hace relativamente poco. La educación es el arma más potente que tenemos para poder cambiarlo todo y mientras sigamos pendientes de la decoración de la casa y no de los cimientos de la misma, todo nuestro esfuerzo habrá sido en vano. Es evidente, pero si educamos a nuestros niños, no habrá que castigar a tantos hombres.
 

Estas ganas de cambiar la realidad y esa ilusión de poder formar parte de ello ha hecho que esté formándome académicamente para ser profe. Y cuando digo formándome, digo haciendo como que me formo. No porque yo quiera que así sea, sino porque no hay margen de maniobra. Así es como se hace y, actualmente, no existe la posibilidad de aprender a ser un buen profesor yendo a la Universidad. Es algo que he creído siempre, que una persona sin haber estudiado nada relacionado con la docencia puede ser tremendamente más capaz de enfrentarse a una clase que una que ha pasado media vida formándose para ello. No sólo en el ámbito de la educación, sino en muchos otros también. Y ahora ya no es sólo una opinión sino una realidad que confirmo cada día. (Pero el hecho de si la Universidad en España funciona como debería ya lo discutiremos otro día.)

Acudo continuamente a clases en las que se piensa una cosa, se dice otra y se hace la contraria. La falta de coherencia hace que me lleven los demonios. Clases en las que se da más importancia al nombre del concepto que al propio concepto. Se supone que se me forma e instruye para que sea capaz de enfrentarme a un aula llena de adolescentes. Y la persona que me lo dice no es capaz de captar ni la atención de personas adultas que han pagado por esa educación y que acuden a clase por voluntad propia. Se supone que se me forma para educar, en valores y en conocimientos, de forma dinámica. Y la persona que me lo dice está dos horas de reloj leyendo un Power Point. Que es una tontería, pero no.


Supuestamente se me está formando para ser una profesora que tenga autoridad en el aula y que inspire confianza y respeto. Y me lo dicen a las 7:25 de la tarde, cuando la clase ha empezado a las 7:00 y la gente sigue entrando en el aula, de risas, con el cafecito en la mano y pidiendo perdón en voz baja por haber preferido estar en la cafetería de charleta que escuchando a la que dice cómo imponer autoridad. Se me recomienda que aproveche bien el tiempo, pautando unos objetivos y unos horarios bien definidos para desarrollar mi futura clase. Mientras tanto, el profesor que imparte una asignatura de hora y media dice que saldremos siempre 20 minutos antes por no hacer un descanso en medio.

Se me pide que valore el trabajo que hagan mis alumnos mientras entrego trabajos y prácticas que se quedan en una bandeja de entrada y no están siendo corregidos. Y si lo están siendo nadie se está enterando. Se me pide que fomente el interés por mi asignatura, que por suerte es Tecnología, mientras se tolera que un buen grupo de personas se pase toda la clase charlando. Se me pide que exija disciplina en el aula, mientras se permite que media clase esté con el móvil en la mesa hablando por el Whatsapp, jugando al Trivial o consultando el Facebook. Y no sólo el móvil, sino con el portátil directamente.


Se supone que se me educa para explotar al máximo las capacidades de mis futuros alumnos. Y las personas que me lo dicen proponen que el examen de la asignatura se haga de la siguiente forma: los alumnos, durante el curso, escriben preguntas relacionadas con los temas dados en clase. Entre todos las van contestando, copiando de los apuntes, y las preguntas que caerán en el examen con sus respectivas respuestas, previamente habladas y evaluadas, serán sacadas de ahí.

¿A dónde queremos llegar si ni siquera el propio profesor insta a sus alumnos a leer el temario? Ya no digo estudiarlo, digo leerlo. Siempre se habla de lo peligroso que es exigir a una persona en general, y a un alumno en particular, algo que está muy por encima de sus capacidades. ¿Pero por qué nadie habla de que es tanto o más peligroso hacerlo muy por debajo de sus posibilidades? El primer caso es cierto que puede generar estrés y frustración, pero dentro de unos límites puede también fomentar el autoaprendizaje, el interés y las ganas de evolucionar. En el segundo caso, en cambio, lo único que se consigue fomentar es el aburrimiento, el pasotismo y la ley del mínimo esfuerzo como ley universal. Que nos gusta mucho una ley universal. Y la culpa no es del alumno, ojo. La culpa es del profesor que parece entrenar a diario para hacer todo lo contrario a lo que se debe. Lo raro y preocupante sería que el alumno, en esa preparación de examen apta para todos los públicos, eligiera las preguntas más largas y complejas del tema habiendo otras más cortas e intuitivas. Si no hay exigencia, ¿cómo va a haber respuesta? Y lo que es peor aún, si no hay acción, ¿cómo cojones va a haber reacción?


Todo el mundo parece ser consciente de que en este país la imagen que se tiene del sistema educativo y de los docentes es entre mala y muy mala. Y me da mucha pena tener que decir que, independientemente de lo que se diga o se haga fuera de ese campo, que obviamente influye en el desarrollo de la actividad, son los propios profesores, en muchos casos, los que han hecho de una profesión puramente vocacional, un continente que carece de todo contenido. Y es que si una persona no es capaz de predicar con el ejemplo, todo su discurso carece de sentido. 

Parece evidente que ser profesor no es tarea fácil, pero si ni ellos mismos respetan su labor, ¿quién la va a respetar entonces? Nunca creí que afirmaría esto pero todo lo que se aprende en un aula de ingeniería, aunque nada tenga que ver con esta ciencia, te capacita y prepara mucho más para la vida real que tanta palabrería y sinsentido. Habilidades y competencias que ya van contigo y que te das cuenta de que las tienes cuando ya hace tiempo que dejaste ese aula. Y los que habéis estado a los dos lados sabéis bien de lo que hablo. Siempre he sido muy crítica con el enorme desequilibrio que hay en las carreras técnicas a la hora de entrenar al límite la inteligencia académica dejando totalmente de lado la inteligencia emocional. Pero joder, al menos entrenábamos una de las dos...

30 de noviembre de 2013

SI MAHOMA NO VA A LA MONTAÑA, LA MONTAÑA IRÁ A MAHOMA

Sylvia es una joven madrileña de 22 años que actualmente trabaja en su ciudad natal como técnico de rayos, pero pronto lo hará como enfermera. Incha’allah. El suyo es uno de esos casos en los que no fue ella la que viajó por primera vez a Marruecos, sino que Marruecos vino a ella.

 "Mi relación con Marruecos ha sido fruto del conocido maktub, y de verdad que así lo creo. Soy una persona que adora tener experiencias, conocer gente y lugares nuevos... pero me pienso mucho las cosas antes de hacerlas. Aunque con el mundo marroquí es otra historia, y es que allí el corazón es el que manda.
En mi caso la mezcla de un voluntariado en Granada, una bonita amistad y mi ansia de experiencias me colocó en Tánger, para conocer y disfrutar del Aid el Kebir (la Fiesta Grande para los musulmanes). Y sencillamente flipé. Aquel viaje fue un punto de inflexión en vida, y es que allí, aquel mejor amigo, se convirtió en habibi dieli (y hasta hoy).

 Hice la maleta sin pensar demasiado, con gente a mi alrededor diciéndome: "¡Estás loca!" o  "¡En vaya líos te metes!", y con objetos innecesarios que recomiendan tales como las pastillas potabilizadoras (no vaya a ser que no salgas del baño),  "teléfonos de emergencia" y no sé cuántas cosas más.

Marruecos está lleno de colores, de platos rebosantes (allí el dicho de "Antes reventar que sobre" es tan literal como imposible), de hospitalidad, de respeto a la familia, a la religión... De verdad que tenemos mucho que aprender.

Llegue al puerto de Tánger con mi maleta, miles de ideas erróneas y un nivel de árabe marroquí nulo. Me acuerdo que cuando entré en la que ya es como mi casa, me recibieron con abrazos, besos... ¡y hasta regalos! 


Y es que adoro su sencillez, su facilidad para reírse, su lógica básica aplastante para todo... Ellos alucinan con muchas costumbres europeas, que pensándolo fríamente llevan toda la razón. Tenemos cientos de normas (en ocasiones absurdas) que anulan nuestra libertad. Podría contar decenas de conversaciones sobre nuestras costumbres, la cultura, la religión o incluso sobre atentados como el del 11-M que sorprenderían a más de uno.

Me encantan los colores y el olor natural de todo. El olor del mar por todos los lados, el olor mañanero del desayuno (del desayuno y de cualquiera de sus comidas), el olor a cuero cuando paseo por la Medina, las haflas que se montan en momento, la libertad de los niños en sus juegos... Marruecos es mágico (con sus cosas buenas, y las que tienen que mejorar) pero la fama que tienen les hace mucho daño. Cuando escuchaba a la gente hablar sin saber, diciendo mentiras y generalidades sobre Marruecos y su gente, yo sacaba las uñas... ¿Ahora? Ahora sonrío irónicamente y me da pena la ignorancia que alcanzamos en algunas ocasiones. 

Por todo ello, esas "locas por Marruecos” aún tenemos mucho por hacer.  Y en ello estamos. ;)"


Si quieres que tu historia también aparezca por aquí solo tienes que pedirlo. Ponte en contacto conmigo e intentemos entre todos, desde nuestra experiencia personal, transmitir la realidad, buena y menos buena, de Marruecos.

28 de noviembre de 2013

3052, PERSIGUIENDO UN SUEÑO

Este es Mamadou Dia, un joven senegalés que ha escrito un libro contando en primera persona el infierno que vivió desde que decidió montarse en una patera para llegar a Europa.


"En 3052. Persiguiendo un sueño, Mamadou cuenta cómo "El viaje en cayuco es durísimo, pero cuando llegas a España te das cuenta de que no ha acabado. En realidad, acaba de empezar. Es entonces cuando empiezas a ser consciente de todo lo que tienes que hacer: luchar por encontrar un trabajo, por conseguir los papeles, por un lugar donde vivir..."

Era un 11 de mayo de 2005 cuando subió a la patera, comenzando así "la aventura más larga, más peligrosa y más dura de mi vida", como escribe en el libro. "Mucho más duro de lo que yo pensaba, porque en mi vida me había subido a un barco. El viaje está grabado en mi mente, al igual que en la de todos los que lo han hecho. Éramos 84 pasajeros en una embarcación de 12 metros, y no había plan B; no había otra solución. En wolof tenemos un dicho, que se puede traducir como 'O vivir dignamente o morir intentándolo', y creo que eso es lo que estaba en la mente de todos. Porque este viaje no lo hacemos por gusto, que no hay ningún sitio mejor que casa ni comida mejor que la de la abuela. Simplemente, es que era la única salida. No había otra opción para nosotros".


"Fueron ocho días enclaustrados en esos 12 metros y a partir del quinto día, supimos que estábamos perdidos. No veníamos ninguna señal en el radar. Además, a la mañana del sexto día desapareció Ibu, uno de nuestros compañeros. Supimos que no había aguantado más". La esperanza era tan débil que Dia pensó que, si realmente escribía su libro, lo llamaría Los sueños perdidos, en recuerdo a los de tanta gente que quedaron en el camino. Pero al llegar el octavo día, cuando no les quedaba apenas fuerzas, alimentos ni gasolina, vieron aparecer un helicóptero sobre sus cabezas. "Fue increíble, los que estaban tirados en el suelo, los que ya no podían más, revivieron al momento, fue una fuerza inmenso que salió de dentro".

Volver a caminar, después de más de una semana al vaivén de las olas, el sol, y la deshidratación, no fue fácil, y Mamadou recordará siempre el apoyo de los voluntarios de Cruz Roja y aquella botella de agua que le ofreció una de ellas. "Le quería decir que no, que yo no me llamaba 'agua' – un nombre de mujer, en Senegal -, hasta que comprendí que ‘agua’ se refería a la botella"-. Aquella primera mano amiga tras tantos días de viaje le dejó una profunda huella. "En ese mismo momento decidí que, en cuanto pudiera, yo también sería voluntario en la Cruz Roja, como aquella chica". Y así ha sido desde hace ya varios años: "he dado clases de español, he colaborado en clases de acogida… y es una de las mejores cosas que me han pasado en España".

[ Texto de http://porfinenafrica.com/2012/06/o-vivir-dignamente-o-morir-intentandolo/ ]


Son muchas las formas de colaborar con ellos y aportar nuestro granito de arena. Y muchas de ellas están al alcance de cualquiera. 3052. Persiguiendo un sueño se puede encontrar en algunas librerías, en el Corte Inglés... Pero también existe la posbilidad de pedir un ejemplar dedicado por el autor, por tan sólo 12€. Con los gastos de envío ya incluídos. En esta página encontraréis toda la información. http://proyecto3052km.com/pide-tu-libro/

Mamadou Dia ya ha viajado a varias ciudades españolas para presentar su libro, ha ido a varias escuelas para contar su realidad, ha dado multitud de charlas... Y estoy segura de que no dejará de hacerlo. El dinero recaudado se está empleando tanto para financiar la edición y distribución del libro como para sacar adelante varios proyectos en Senegal, relacionados con la educación, la sanidad, la lucha contra la pobreza y el turismo sostenible.


Una forma increíble de colaborar y de tomar conciencia de una de las grandes lacras de nuestra sociedad, un libro de obligada lectura, especialmente en los colegios, institutos y universidades, una manera de implicarse en un proyecto sencillamente genial, un regalo para estas Navidades (y para todas las que vendrán después), una motivación por hacer que nuestro mundo sea un sitio más amable, más humano y menos raro, una búsqueda de un futuro mejor, una ilusión, una apuesta por la lucha y las ganas. ¿De verdad que no quieres formar parte de esto? HAZLO POSIBLE.


En Facebook: https://www.facebook.com/Libro3052PersiguiendoUnSueno

En su página web: http://proyecto3052km.com/