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8 de junio de 2017

NI SON DAÑOS COLATERALES, NI SOMOS HÉROES

No compréis más odio, por favor. No lo compréis. Apagad la televisión, cerrad los periódicos y dejad de permitir que os sigan infectando. Somos marionetas en sus manos y la versión oficial siempre es mentira. Siempre. La realidad nunca les arruina un buen titular. Entiende que hay demasiados intereses políticos y económicos de por medio como para ponerse sinceros contigo. La información es poder y tú les importas bastante poco. Hacen y deshacen, según les conviene, y te obligan a creer que los enemigos son otros. Dirigen tu opinión, crean tus miedos y te manejan a su antojo.  Compramos cuentos y tragamos con mentiras que, si las viéramos en una película, nos levantaríamos y nos iríamos del cine, sintiéndonos estafados al haber pagado por semejante bodrio. Por semejante dosis de surrealismo, cinismo e hipocresía. Pero es nuestra vida diaria y no podemos marcharnos.

Fotografía de Emad Nassar. Gaza.

Lo fácil y lo cobarde es creerse que "nos están matando, son malos". ¿Quiénes? Ojalá fuera tan simple. Nos hacen creer que la lucha es de Oriente contra Occidente, de musulmanes contra no musulmanes, de malos contra buenos... y es mentira, joder. MENTIRA. La lucha es entre culpables y la putada es que sólo pagan inocentes. Aquí y allí. La mayoría son sirios, afganos, iraquíes, libios, yemeníes.... Esos que, según la versión oficial, "son malos". Por eso se mueren, de tanta maldad. No porque los maten con ese armamento, valorado en cientos de miles de millones de euros, que lleva nuestra bandera, y la americana, y la francesa, y la inglesa... Con el consentimiento y la aprobación de Europa. No porque los utilicen como escudos humanos y como excusa barata. Revientan guarderías. Revientan colegios. Revientan residencias de ancianos. Joder, revientan hospitales repletos de inocentes mutilados. Como aquel en Siria, que ya estaba destrozado y fue atacado "por accidente", desde el aire, mientras enfermeras corrían, llorando, para sacar a varios bebés de las incubadoras y llevárselos con ellas. Entre lágrimas, con los críos en brazos, se abrazaban y se encomendaban a Dios. ¿Qué otra cosa podían hacer? Esos bebés, claro, lo último que vieron fue aquel bombardeo. Apenas tendrían 7 meses y no dejaron que su paso por esta vida durara ni un minuto más. ¿Quiénes? Los culpables. O las decenas de civiles gaseados, como ratas, en mitad de la calle. Usan armas químicas contra civiles mientras te quieren hacer creer que los que sobreviven son peligrosos. Es para volverse loco. Revientan países y ciudades enteras. Arrasan con todo a su paso. Cada día, en multitud de rincones del mundo. ¿Quiénes? Los culpables. Por dinero. Única y exclusivamente por dinero. 

A los muertos que están lejos los llaman daños colaterales. Y a los muertos que están cerca los llaman héroes. Para que encima nos creamos algo. Para que colguemos la medalla en la pared de ese hogar al que ya nunca volveremos. Para que encima comulguemos con la idea de que valoran nuestra vida. No les importa la de otros y les va a importar la nuestra. ¿Héroes? ¿Cuál es nuestra "hazaña extraordinaria"? ¿Intentar sobrevivir en este sinsentido? ¿Morir por nada y para nada? Ni son daños colaterales, ni somos héroes. Sólo somos la herramienta utilizada para que otros sigan en el poder. Somos inocentes asesinados por quienes nunca movieron un dedo por nosotros. Somos los muertos que justifican otros muertos. Los muertos con los que pagar, y cobrar, más muertos. Bling, bling.

24 de enero de 2016

HASTA SIEMPRE, LEILA

Leila tenía 33 años, había nacido en Francia y era de origen marroquí. Desde hace años, era toda una revelación en el mundo de la fotografía. Una mujer capaz de retratar a personas invisibles a los ojos de la mayoría. Capaz de adentrarse en alguno de los peores conflictos del mundo para hacérnoslos llegar.


Hace unos días se encontraba en Uagadugú, la capital de Burkina Faso, tomando fotografías de mujeres trabajadoras, obligadas a casarse a la fuerza, para Amnistía Internacional. La pasada noche del viernes 15, estaba fuera del hotel Splendid, junto a su conductor Mahamadi, cuando varios hombres de Al-Qaeda hicieron estallar un coche bomba, secuestraron a más de 100 personas y abrieron fuego iniciando un intenso tiroteo que acabó con decenas de vidas. Mahamadi murió en el acto y Leila, aunque llegó con vida al hospital, falleció a los pocos días por las heridas causadas por los cinco balazos que recibió aquella noche.


Refugiados sirios en el Líbano

Una mujer fuerte, sensible, luchadora y especialmente comprometida. Una fotógrafa con un gran talento que agitaba conciencias y despertaba indignación a través de sus imágenes. Una joven alegre, carismática y generosa, llena de ambición y de ganas de hacer del mundo un lugar más amable.

Leila ya está enterrada en Marrakech, en el país que la vio crecer, pero su memoria estará presente en todas aquellas personas que valoraron, disfrutaron y se emocionaron con su capacidad para retratar de forma tan simple y tan compleja la diversidad ética y cultural de países como Marruecos. Una serie de fotografías, realizadas durante años, que todos los amantes del Magreb conocemos y que nos transportan directamente al lado de aquellas personas a las que Leila dio voz. 

Leila, han cerrado tus ojos. Pero tu luz, esa que nos abría paso en un mundo tan incomprensible, jamás se apagará. Vuela en paz, amiga.








 











16 de noviembre de 2015

ANTES QUE PARISINOS, SOMOS HUMANOS

Imagínate que lo de París ocurriera en nuestro país cada día, cada varias horas, durante años. Para, para. Que sé que no te lo has imaginado en serio. Lo has oído tantas veces que ya ni lo escuchas. Ni quieres escucharlo. Va, imagínatelo. Imagínate vivir en primera persona esas imágenes cada día. Cada santo día en nuestras calles. Cada varias horas en nuestros barrios. Durante 5 años. Los mismos gritos, estampidas, tiros y cadáveres por la calle. Pero sin ambulancias ni hospitales a los que ir, porque ya no existen. Por error, también los bombardearon todos. La misma sangre derramada por todas partes, aunque algunos la vean diferente. ¿Has pensando ya en el olor? En el dolor no, eso es inimaginable. Imagina a tu madre ya casi sin pelo por la tensión, los nervios y el horror. Con problemas respiratorios severos. Y a tu hermana chirriando los dientes desde hace meses por el trauma provocado. Y a tu chica bajo los escombros. Completamente irreconocible. Porque no es tu chica, bobo. Son daños colaterales. Imagínate ahora que para huir de toda esa mierda tienes que negociar con mafiosos y pagarles miles de euros, sin que eso sea garantía de nada. ¿Te has imaginado ya tu vida con el.continuo sonido de misiles, explosiones y kalashnikovs? Imagínate que consigues el dinero y para llegar a algún destino mínimamente seguro tienes que montarte en barcas hinchables durante horas o días con tus pertenencias encima. Si es que aún te queda alguna. No se te olvide que hace años que no trabajas, que no tienes acceso a agua potable ni a alimentos. No hay agua. No hay pan. No hay. Que tus hijos nunca han ido al colegio y que tus hermanos han dejado de estudiar. ¿Qué va a ser de ellos? Imagínate que llegas a tierra y, tras saltar una valla con cuchillas, los policías - y los que no son policías - te reciben con palos, disparos y zancadillas. ¿Te has imaginado ya el frío en la noche y la lluvia empapándote continuamente sin tener ropa para cambiarte? Imagínate que consigues pasar todo eso y te acogen en un campo de refugiados. Rodeado de personas que, como mínimo, han pasado lo mismo que tú. Ancianos, discapacitados y gente mutilada también. Todos. ¿Te has parado a pensar en lo que deben pensar que es la vida esos niños que no conocen otra cosa? Imagina que llevas meses viviendo a la intemperie, esperando a que los que han provocado que tú estés donde estás decidan si podéis entrar 1000 o 1100 como tú. Imagina que una noche todo lo que tienes, que es nada, aparece calcinado por las llamas provocadas por personas a las que tu presencia parece amargarles la existencia, por ser un estorbo sin precedentes. ¿Lo has imaginado ya de verdad? Y ahora bien... ¿te parecería muy descabellado que algún compatriota tuyo fuera al país de alguno de los que han llevado a tu país a esa situación y cometiera una locura? De que para hacerlo utilice las mismas armas que le han vendido entre ataque y ataque los mismos que ahora no le dejan marcharse... de eso mejor ni hablamos porque lo explica todo. ¿Tan inesperado, descabellado, fuera de lugar y sorprendente os parece? ¿En serio? ¿Tanto? ¿TANTO? Y, después de todo, imagina que los vecinos del país que te acoge - esos que nunca tendrás - ondean la misma bandera que va sellada en los misiles que vuelven a caer en tu casa, en tu calle, en tu barrio. Otra vez. Otra puta vez. ¿Despertamos ya o hay que esperar a escuchar nuevas explosiones para hacerlo?