19 de marzo de 2014

NO HAY EXCUSAS PARA NO SER LO QUE QUIERAS SER

"Marruecos es un país de contrastes, entre el desierto y el mar, entre lo viejo y lo nuevo, entre ricos y pobres. Cualquier idea preconcebida sobre lo que está bien o lo que está mal cambiará rápido cuando llegues. Lo que se considera normal en Occidente aquí no es aplicable. (...) Ver a la gente menos afortunada sacar el máximo provecho de sus vidas hace que te des cuenta de que realmente no hay excusas para no ser lo que deseas ser. Yo no creo en eso de conformarse con menos, tienes que encontrar lo que amas. La única forma de vivir realmente satisfecho es amar lo que haces. Y yo estoy muy agradecido ya que todavía soy joven y ya he encontrado lo que amo hacer."




"Morocco is a country of contrasts; between desert and ocean, between old and new, between rich and poor. Any preconceived notions of right and wrong, up down, or forwards and back words, will all soon change. For what is considered standard in the west does not apply here. Work is all about  surviving from recycling paintings and sand bags to selling just about anything. Seeing less fortunate  people make the most out of their lifes makes you realise that there really is no excuse for not being what you want to be. I don't believe in settling for less, i believe you have to find what you love. I think the only way to be truly satisfied is to love what you do. I'm just grateful I am still young and I've already found what I love doing."

16 de marzo de 2014

FRASES TÍPICAS EN MARRUECOS

Todos los que alguna vez han viajado a Marruecos han podido comprobar que hay una serie de frases típicas que, especialmente en ciudades turísticas como Marrakech, no dejan de oírse. Cuando algunos locales - comerciantes y camareros en su mayoría - ven a grupos de extranjeros sacan todo su repertorio de frases para caer en gracia y conseguir captar la atención del turista, aunque a veces pueden llegar a agotar. Si te ven sola por la calle, aunque seas de fuera, intuyen que vives allí y/o que conoces bastante bien el país y que no hay tanta necesidad de ser gracioso. Pero si no… ¡allá que van! Bienvenidos a Marruecos. Bienvenidos al mundo Wakha Safi.

FRASES DE CAMAREROS

- ¡Bienvenido!
- Más barato que en Mercadona.
- El Karlos Arguiñano marroquí, señorita.
- Abrimos cuando venimos y cerramos cuando nos vamos.
- Primer cliente, ¡precio amego! ¡TURURÚ!
- Zapatero cabrón.
- Barselona és bona si la bolsa sona.
- Más barato que en Carrefour.
- Relaja la raja maja. Nunca he llegado a entenderla bien, supongo que es gracioso que parezca que hablan en árabe cuando en realidad es español.
- Toma té, whisky bereber.

Cabras trepadoras

FRASES DE COMERCIANTES

- España bancarrota.
- Más barato que en Andorra.
- Pasa, pasa. Sólo mirar, sólo mirar.
- Mejor calidad que el Corte Inglés señorita.
- ¿Español? ¡Bienvenido! ¿Cómo está? ¿Bien?
- Rasta sin pasta.
- ¡Esto es cojonudo!
- Es cuero. ¡Cuero bueno! Acto seguido sacará un mechero del bolsillo para demostrarte que no se quema.
- Más barato que en Ryanair.
- Mucha ruina.
- Hasta luego, cocodrilo.
- Toma té, whisky bereber. Con ese tono con el que dicen 'bereber'.


FILOFOSÍA DE VIDA

- Marhaba. Bienvenido.
- Allí teneís el reloj, aquí tenemos el tiempo.
- Machi muskil. No problema, amego.
- Ti lo juuuuro.
- Mañana, inchallah. Mañana, si Dios quiere. El inchallah como solución a todos los problemas.
- ¡Visca Barça!
- Prisa mata, pachorra remata. Una forma de vida que todo Marruecos tiene perfectamente interiorizada. Cuando eres visitante resulta interesante pero cuando eres residente, aún siendo español, puede llegar a desesperar.
- Toma té, whisky bereber.

Machi muskil, amega. Sin prisa mañana, inchallah, estará arreglado.

FRASES PARA LIGAR (O AL MENOS INTENTARLO)

- ¡Cuerpo Danone!
- Where have you been?
- ¡Shakira! ¡Elsa Pataky! ¡Pantoja! ¿Por cuántos camellos?
- ¿Dónde está tu novio?
- ¡Eeeeeeeeeh! ¡Guaaa-pa!
- Tú buena gente.
- ¿Barça o Madrid? Lo de ‘¿Estudias o trabajas?’ ya si eso lo dejamos para cuando nos casemos.
- Marido bueno.
- ¿Quieres whisky bereber?

Nota: De los hombres del desierto y sus pirosos pastelosos que suben el azúcar a cualquiera ya haremos un libro más adelante.  "Tu sonrisa es la istrilla  que ilumina mi vida", "Yo podría esperarte mil años" y frases similares utilizadas como saludo para dirigirse a cualquier ser humano que no tenga nuez...

Negrata con cinco patas retratado por Úrsula Gil.

CURIOSAS

- ¿Quieres chocolate? ¿Hash? ¿Kifi? ¡Buena mierda de la montaña!

- En un libro ‘Darija-Español’ que encontramos en Fez, en la sección de ‘Frases típicas’, traducían '¿Dónde estás, Ayuntamiento?' y ‘El que sabe menos de tres idiomas es un ignorante’ como frases básicas para sobrevivir en cualquier país.

- En Marrakech, el dueño de una tienda nos preguntó que de dónde éramos, si de Cataluña o del País Vasco. Ante las dos únicas posibles respuestas contestamos que del País Vasco. ¿De Bilbao? Le dijimos que no, que de cerca. Y el hombre, sin ponerse ni colorao', nos dijo: "Ah, sí, sí. ¡Muy buena gente allí en Cerca!"



¿Te acuerdas de alguna otra frase que hayas escuchado en Marruecos? ¡No dudes en compartirla con nosotros!

15 de marzo de 2014

MI PRIMERA EXPERIENCIA EN UN HAMMAM MARROQUÍ

Sólo hay dos tipos de personas en el mundo; las que han estado en un hammam tradicional y las que no. La palabra hammam en árabe significa baño. El baño de casa, del restaurante, del hotel… Pero también hace referencia a esos baños árabes, situados normalmente cerca de las mezquitas, a los que la gente acude para asearse como Dios manda.
"Mientras Europa disimulaba la suciedad bajo perfumes y polvos blancos, Oriente Medio imponía un estricto hábito de limpieza y lo imprimía en su libro Sagrado, El Corán." - Blanca López Arangüena

Que estos baños estén habitualmente cerca de las mezquitas no es casualidad; antes de rezar los musulmanes deben hacer un riguroso ritual para realizar la oración de forma limpia y pura. Además, en Marruecos, como en tantos otros lugares, muchas de las casas no tenían – ni tienen – una ducha o una bañera propiamente dicha. Algunas tampoco agua caliente. Por eso, es común que la gente acuda con mucho gusto a estos baños públicos varias veces por semana para conseguir esa pureza corporal y espiritual. Unos baños a los que las mujeres más tradicionales van con sus hijos para reunirse con otras mujeres, salir de la rutina, distraerse, contarse penas y alegrías y, ya de paso, familiarizar a los críos desde que son pequeños con el cuerpo humano, sin tabúes. 

Son muchas las prácticas y costumbres árabes que se han importado y adaptado en el mundo occidental y el uso de los hammams es un claro ejemplo. Pero esos baños árabes de lujo, con hombres y mujeres en la misma sala inmensa (¡infieles! ¡que sois unos infieles!), decoración árabe, fuentes maravillosas, agua emanando por todas partes, piscinas, iluminación agradable, olores a pétalos de rosa, tumbonas, duchas, patios maravillosos llenos de mosaicos, zonas de vapor, zonas de relax con té a la hierbabuena incluído… esos hammams mucho me temo que no son tan auténticos.


Si vas a Marruecos, o a otro país árabe, no puedes marcharte sin probar la experiencia de un hammam tradicional; un baño árabe en el que volver a nacer junto a otros hombres o mujeres - cada uno en el sitio que le corresponda - del pueblo o de la ciudad en la que te encuentres. La gente local paga alrededor de un euro (10 dirhams) por acudir a uno de estos baños pero como turista y con propinas, el precio a pagar puede llegar hasta los 5 euros (50 dirhams) si quieres que otra persona te lave. Estos baños no son fáciles de encontrar si no prestas demasiada atención, aunque estén por todas partes, ya que la apariencia externa de los mismos engaña bastante y algunos ni siquiera tienen un cartel o una pintada que avise de su existencia. Pero basta con preguntar a cualquiera para que te informe de dónde está el hammam más cercano, o el hammam de funalito.

Lo normal es ir en bañador y con chanclas, con una toalla y con el bote de champú en caso de que lo vayas a utilizar. Además hay que llevar un guante-esponja y jabón negro (savon noir) para que la señora - o señor - del hammam te bañe como lo hacía tu madre cuando eras peque. Tanto el guante como el jabón son muy baratos y los encontrarás en cualquier tienda o mercado marroquí ya que lo utilizan de forma cotidiana.


Mi primera vez en un hammam en Marruecos fue en Chefchaouen. Le preguntamos a un joven, que colaboraba con el hostal en el que estábamos consiguiendo clientes, para que nos llevara a uno. Éramos cuatro chicas y nos acercó hasta uno que se encontraba bastante cerca de donde estábamos. Habló con la mujer que lo llevaba, en la puerta de su casa, y nos dejó con ella. Nos dijo que la siguiéramos y llegamos hasta la parte trasera de la casa. Subimos por unas estrechas escaleras hasta un rellano-vestuario en el que ya se empezaba a sentir el calor...

Justo cuando nos estábamos quitando la ropa para quedarnos en bikini entró una mujer de unos 80 años, muy arrugada y encorvada y, para nuestra sorpresa, se quedó literalmente en bragas. Nos pareció raro porque nos habían dicho que la habitación-sauna-ducha sería para nosotras solas pero si algo he aprendido en Marruecos es que allí nunca se sabe lo que puede pasar. La anciana nos indicó por dónde se entraba y accedimos a una habitación-ducha muy oscura y, de algún modo, misteriosa con agua por todas partes. Era un lugar húmedo, con mucho vapor, de baldosas azules oscuras calientes, en el que no había nada salvo una especie de fuente de la que salía agua desde una de las paredes, un par de cubos y un cazo de plástico. 


La mujer entró con nosotras y resultó que ella era la encargada de ducharnos. Nos mandó sentarnos - en el suelo - durante un rato para que con el calor que hacía allí dentro se nos abriera hasta el último poro del cuerpo. Cuando la señora consideró oportuno nos pidió que, una a una, fuéramos tumbándonos - en el suelo - para que empezara su faena. Primero boca arriba y luego boca abajo. Vuelta y vuelta. Los occidentales no estamos acostumbrados a este tipo de servicios y dejar que alguien al que no conoces de nada te haga en público lo que normalmente tú mismo te haces en la intimidad, especialmente si eres pudoroso, no es fácil. Menos aún cuando la octogenaria en top-less te pide encarecidamente que te quites el bikini, que le molesta para pasarte el guante con jabón y poder dejarte la piel como el culito de un bebé. En caso de que no quieras hacerlo basta con decírselo unas doce veces para que te haga caso y no vuelva a intentar arrancarte la poca ropa que te queda.

Las mujeres marroquíes suelen ir bastante tapadas por la calle pero, en estas situaciones, son mucho menos pudorosas que las europeas y no dudan en quedarse completamente desnudas, mientras hablan con sus vecinas y bañan a otras compañeras.


Después de habernos bañado y frotado con mucho garbo y esmero prácticamente todo el cuerpo (cuello, tobillos, rodillas, axilas, pies...) nos echó nuevamente un cubo de agua ardiendo para eliminar el jabón. Un jabón natural, muy hidratante que ni pica ni irrita. Es normal que la piel se ponga roja pero, dada la situación en la que encuentras, no es nada malo. Repitió el mismo proceso dos veces, con una fuerza y una energía que nos llamó la atención. Nosotras estábamos ahogadas de calor y la señora seguía como una rosa. Además nos hizo sentarnos delante de ella, de espaldas, para lavarnos el pelo con gran soltura mientras nos pasaba uno de esos peines estupendos de pequeñas púas que recomiendo a todo el mundo para justo antes de salir de la ducha.

Ir a un hammam no es sólo una cuestión de higiene. Es un ritual que va mucho más allá y que tanto hombres como mujeres realizan para cuidar su cuerpo y su alma, para relajarse y meditar.


Una experiencia única en la que no sabes si sientes dolor o placer. Un lugar genial en el que puedes llegar a sentirte incómodo entre tanta naturalidad, humildad y sencillez. Una forma de volver a nuestra esencia más pura. Un spa autóctono que no te dejará indiferente. Y es que nunca tendrás la piel tan tersa y tan suave como después de ese baño. Un baño del que sales como nuevo, totalmente relajado y con la sensación de que nunca antes te habías duchado. Con la idea de querer repetir pronto pero no...

13 de marzo de 2014

VÁYASE CON DIOS Y, POR DIOS, NO VUELVA

"Españoles, Rouco ha dejado de ser el máximo representante de dios en nuestro país. Aunque más que un manager divino ha sido un portero de discoteca con un derecho de admisión tan restrictivo que le ha dejado a dios el garito más vacío que Jesucristo dejó el templo. Me va a permitir, monseñor, que le dedique este obituario a su muerte como jefe de la Conferencia Episcopal Española. Dice así.
(...)
Durante 12 años, entre 1999 y 2005, y de 2008 hasta esta semana no dejó ni un día de meter el hocico en política, meter la mano en el cepillo y meter las narices en las vidas de los demás. Más que cura fue una enfermedad. Le nombraron cardenal por las hostias que repartía a todo dios. No se vio tanta persecución en España desde el Gran Inquisidor.
 

Con su voz sin tono, monocorde y sibilina, voz de confesionario y de encantador de serpientes, poco de fiar, monseñor encantaba a la derechona lamesotanas y condenaba al fuego eterno al resto de la sociedad. Crucificó a los homosexuales por su “rebeldía contra la biología” y protegió bajo su casulla a obispos homófobos como el de Alcalá, comparó el aborto con los crímenes de la II Guerra Mundial y a los laicos con el anticlericalismo de los años 30 que fue origen de esa contienda, a los nacionalistas catalanes y vascos los acusó de atentar contra el bien moral de la unidad de España y a la mujer la relegó al papel de madre incubadora ama de casa o por decirlo con su evangélica metáfora, “parra fecunda en medio de su casa”.
Lanzó a sus hordas inquisitoriales a la calle a protestar contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, contra el aborto o contra la Educación para la Ciudadanía pero jamás las movilizó contra las estafas bancarias, los recortes o el paro. No movió un dedo para ayudar a las familias empobrecidas y desahuciadas aunque le sobran inmuebles a nombre de la Conferencia Episcopal para dar cobijo a los que se han quedado sin hogar. Ni renunció a ninguno de los privilegios fiscales de la Iglesia mientras veía al resto de los españoles con la soga al cuello apretarse el cinturón.
Tampoco se acordó de las víctimas del franquismo a las que les dijo que “a veces es necesario saber olvidar” (sobre todo cuando la Iglesia forma parte de los recuerdos más oscuros de nuestra memoria histórica). Eso sí, no dejó de recordar a cada gobierno sus pretensiones de devolver a glorias pasadas la asignatura de religión y a fe mía que con Wert por fin lo consiguió. Cuando se trataba de pedir, monseñor podía ser un calvario y una cruz.
Ni siquiera en su despedida, que coincidió con el décimo aniversario de los atentados del 11 de marzo, mostró la mínima caridad y generosidad. No tuvo misericordia de las víctimas que se habían unido por primera vez en diez años y aprovechó el púlpito que se le había dado para echar leña al fuego de la teoría de la conspiración que tanto daño ha hecho y a las víctimas ha desunido. Y no contento con que el acto oficial del 11M en un Estado aconfesional como el nuestro fuese una misa católica, denunció que se haya apartado a la religión de la vida pública. Cínico e inflexible hasta el final.
No le diré que dios le tenga en su gloria, monseñor, porque ni dios querría aguantar a un hombre tan intransigente y mezquino como usted durante toda la eternidad y eso que su paciencia es infinita. Pero es que usted sería capaz de excomulgar a la Santísima Trinidad por ser una familia disfuncional formada por un padre soltero, un hijo rebelde y una paloma. Si Rouco llegase al cielo, le montaba a dios una manifestación del Foro de la Familia. Por eso veo más probable, monseñor, que el diablo le lleve. Que el diablo le lleve como alma que lleva el diablo aunque en su caso no encontrará el pobre alma que llevar, solo carne, huesos y sombra.
Váyase con él a ese infierno al que usted llama cielo. Váyase monseñor a ese infierno de familias como dios manda, mujeres sumisas, madres sacrificadas, gays reprimidos y hombres rígidos como tela de sotana. Váyase a ese infierno que ahoga como un alzacuellos donde se lapida al diferente y la libertad se condena, donde abortar es matar pero no es matar dejar morir de SIDA, donde se clama contra la vida de otros pero se calla cuando a un inmigrante pobre le quitan la vida, donde el amor sin barreras es pecado mortal y el sexo es mancha pero se oculta en sacristías al pedófilo y al pederasta, ese infierno de cinismo en el que mandan los que odian la vida.  
Vaya con dios, monseñor, a ver si por fin lo encuentra. Aunque va usted en dirección contraria... Tal vez eso le convenga porque como dios le encuentre un día, le manda a usted al infierno de cabeza. Vaya con dios, monseñor. Y, por dios, no vuelva."

Artículo Vaya con dios, monseñor de Javier Gallego. 13/03/2014

SENCILLAMENTE S-U-B-L-I-M-E.

12 de marzo de 2014

¡SALIMOS EN 'LA SENDA DE LOS ELEFANTES'!



Los chicos de la revista burgalesa 'La Senda de los Elefantes' me han hecho una entrevista para la sección 'Burgalés ausente'.

En tu blog No es nada personal cuentas, entre otras cosas, tus vivencias allí. ¿Qué hace que sientas esa profunda pasión por Marruecos? 
Sinceramente, no lo sé. Solo sé que desde que pisé el país por primera vez y sentí esa magia, esa vida, esa autenticidad, esa manera de reír y de sonreír, esa humildad, esa emoción, esa evasión, esa cultura, esa simpatía, esa realidad, esa hospitalidad, ese cariño, esa caótica tranquilidad, esa empatía, esa sencillez, esa naturalidad, esa honestidad, ese desparpajo, esa alegría, esa paz, esa espontaneidad… ya no he vuelto a ser la misma.

Lee aquí la entrevista completa:
http://www.lasendaburgos.com/burgales-ausente-carlota-miranda/